Mostrando entradas con la etiqueta Acogimiento familiar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Acogimiento familiar. Mostrar todas las entradas

jueves, 16 de junio de 2011

Informe de Evaluación de la Ley del Menor en Castilla-La Mancha

Se acaba de publicar el Informe de Evaluación de la Ley 3/1999 del Menor en Castilla-la Mancha, elaborado por un equipo de profesoras de la Facultad de Trabajo Social de Cuenca en colaboración con asesores y técnicos de la Oficina Del defensor del Pueblo de la región.

En el informe se realiza un detallado seguimiento del sistema dirigido a la protección de niños y adolescentes desde la responsabilidad pública, con especial atención a los recursos para la preservación familiar (prevención, apoyo familiar, situación de riesgo), la situación de desamparo -estrechamente ligada al maltrato infantil-, tutela y guarda, el acogimiento familiar y residencial, los programas de autonomía, la adopción regional e internacional, y la intervención con menores en conflicto e infractores.

También se analiza la gestión del sistema (organización administrativa, papel de las entidades colaboradoras, procedimientos de trabajo, recursos humanos, materiales y económicos) y algunos de los derechos de los menores que exigen una mayor atención en el día a día para que sean realmente efectivos.

Por último, el informe da cuenta de las actuaciones llevadas a cabo por la Oficina del Defensor del Pueblo de Castilla-La Mancha desde su creación en 2002, y en función de las conclusiones resultantes del proceso evaluativo, plantea una serie de recomendaciones y propuestas con el ánimo de mejorar y apoyar a las personas y organizaciones que con su esfuerzo cotidiano atienden a uno de los sectores de población de los más vulnerables entre los vulnerables.

 

martes, 28 de diciembre de 2010

Exposición en el Centro Comercial " El Mirador". Programa Acogimiento Familiar ACOFAM

El Gobierno de Castilla-La Mancha sigue realizando un llamamiento a la solidaridad de las familias de la región con el fin ampliar el número de familias acogedoras que puedan ofrecer, de forma temporal, un hogar a aquellos menores que por distintas circunstancias no pueden vivir con su familia biológica y están tutelados por los Servicios de Familia de la Comunidad Autónoma.

La Asociación para el Acogimiento Familiar de Cuenca (ACOFAM) ha organizado una exposición en el centro comercial El Mirador con el fin de promover este programa. ACOFAM, en colaboración con la Delegación de Salud y Bienestar Social, se encarga en la provincia de Cuenca del seguimiento, formación y captación de familias para el programa de Acogimiento Familiar.

Ana Moraleda, estudiante de la Facultad de Trabajo Social de Cuenca, ha sido la diseñadora de esta exposición, con la que se pretende dar a conocer la experiencia de las familias que participan en el Programa y a la vez apelar a la solidaridad de los conquenses para ampliar el número de familias acogedoras. La exposición, que fue inagurada el sábado, 18 de diciembre, en el Centro Comercial, está formada por dieciséis paneles con fotografías, en los que distintas familias de Cuenca que han participado en el programa han relatado su experiencia a la autora de la muestra. Además, la Asociación instaló un stand en la exposición para ofrecer a todas las personas interesadas la información que precisen sobre el desarrollo de este Programa de Acogimiento Familiar.

Este programa del Gobierno regional, que en Cuenca se desarrolla a través de ACOFAM, tiene como objetivo el acogimiento de niños en el seno de una familia ajena a la suya con la que, por diferentes motivos no pueden convivir de manera temporal o definitiva. Las familias acogedoras reciben formación, orientación y asesoramiento por parte de técnicos especializados que les acompañan en el proceso, proporcionándoles apoyo y supervisión.

En la provincia de Cuenca hay en la actualidad 122 menores bajo tutela de la administración, de los cuales 48 se encuentran en acogimiento familiar, bien bajo la guarda de su familia extensa (abuelos, tíos, hermanos mayores, etc.) o acogidos con familias ajenas.

El presidente de ACOFAM, Fernando Blanco, ha informado de la intención de la asociación de organizar en Cuenca, el próximo mes de febrero, unas Jornadas en el “Gil de Albornoz”, que tendrán como principal objetivo promover el acogimiento familiar.




La exposición pretende abrir nuestros corazones con el relato real de tres familias de nuestra región que un día, decidieron acoger, y así, llenar su vida de experiencias cargadas de ternura y satisfacción: Una familia con dos hijos acoge a un niño de diez años, otra familia con dos hijas acoge un bebé y, por último, una familia con cuatro hijos acoge un bebé por seis meses.


PAREJA CON DOS HIJOS ACOGE A UN NIÑO DE DIEZ AÑOS


El menor acogido es un niño de diez años y el acogimiento es por un año en principio, que puede llegar a ser permanente. Es un niño abierto e inteligente que quiere una familia, pues dice que no le gusta el centro de acogida donde vive. Esta es su historia:


“Al principio hay un poco de miedo, pues no es lo mismo cuidar a un bebé que cuidar a un niño ya mayor. No sabíamos con que ideas o hábitos iba a llegar a nuestra casa y nos daba miedo que no se adaptara bien.” Relata el padre de familia.


“El inicio de la convivencia fue costoso, pues nuestra hija vio que tenía que compartir atenciones con el nuevo miembro. Se lo explicamos y poco a poco fue comprendiendo que era un niño que necesitaba una familia y que no iba a ser desplazada, si no que iba a tener un “hermano” con el que compartir todo.


Cuando llegó el chico a nuestra casa, no tenia hábito de estudio y el primer curso se la dio fatal, ahora está en la ESO y saca notables, es un chico muy inteligente.


Pasados ya cuatro años desde que el niño llegó a casa, ha conseguido mantener una relación con su “hermana” muy fuerte y cómplice, se protegen y se apoyan mutuamente.


Es un chico sociable y abierto, tiene muchos amigos mayores que él, pues es muy maduro para su edad.”


A los padres acogedores se les ilumina la cara cuando hablan de él, no se arrepienten para nada de su decisión y dicen que volverían a acoger. Se sienten satisfechos por haber ayudado a este chico en particular y. aunque al principio tuvieron algunos problemas de acoplamiento, exponen que es una experiencia que no cambiarían por nada.


Dicen que ahora su familia esta muy a gusto y que acoger les ha abierto la mente en cuanto a la educación de los niños “Después de acoger al chico, si volviera a educar a mis hijos, no les habría consentido tanto”.


Tienen algo de miedo cuando piensan que el chico algún día pueda irse, pero cuentan con ello si es lo mejor para él. Además, saben que siempre va a tener lazos emocionales con esta peculiar familia

lunes, 18 de octubre de 2010

El Senado propone sacar a los más pequeños de los centros tutelados


El objetivo de la reforma es que 10.000 menores vivan en familias de acogida

Publicado por JOAQUINA PRADES en El País del 18/10/2010

A grandes males, grandes remedios. El Senado considera necesario desalojar de los centros de menores a los niños de entre cero y seis años y ponerlos bajo la protección de familias de acogida. Es una de las principales propuestas de la comisión parlamentaria creada para sentar las bases de la futura Ley de Adopción Nacional y Acogimiento Familiar, que concluirá su dictamen el próximo día 20.

A grandes males, grandes remedios. El Senado considera necesario desalojar de los centros de menores a los niños de entre cero y seis años y ponerlos bajo la protección de familias de acogida. Es una de las principales propuestas de la comisión parlamentaria creada para sentar las bases de la futura Ley de Adopción Nacional y Acogimiento Familiar, que concluirá su dictamen el próximo día 20. Este diagnóstico, que supondrá un giro radical en la situación de los menores tutelados por la Administración, cuenta con el respaldo de todos los grupos parlamentarios, y será enviado al Congreso de los Diputados el 3 de noviembre.

España figura a la cabeza de Europa occidental en número de menores institucionalizados, un dato considerado dramático por la gran mayoría de los expertos que han comparecido ante los senadores a lo largo de estos dos últimos años. Es imposible conocer la cifra oficial de menores tutelados en España por abandono o desamparo, ya que la variedad de tutelajes según cada comunidad autónoma ha dado lugar a un archipiélago legal de escasa porosidad. Pero de los datos aportados a la comisión pueden cifrarse estos menores -hasta los 18 años- entre 35.000 y 40.000, de los cuales alrededor de un 25% no ha cumplido aún los seis años.

La denominada Comisión Especial de Estudio de la Problemática de la Adopción Nacional y otros Temas Afines ha optado por seguir el modelo de la mayor parte de países del entorno europeo -Reino Unido fue pionero en clausurar este tipo de centros- e impedir que los bebés abandonados o en situación de desamparo pasen años cruciales de su vida en locales tutelados por la Administración. Antes se llamaban orfanatos y ahora centros residenciales, pero las consecuencias de devastación psicológica para los niños de tan corta edad son similares, según la mayoría de expertos.

La alternativa para estos niños son las familias de acogida o de adopción, que se convierten en figuras clave de la reforma. El proyecto del Senado prevé campañas divulgativas a la opinión pública sobre la función social de estas familias y las necesidades de cada autonomía, así como un sólido apoyo psicológico, jurídico y también económico. Se trata, en palabras del senador socialista Mario Bedera, impulsor de esta comisión, de disponer de una "bolsa de familias de acogida" para que en el momento en que un recién nacido es abandonado o declarado en desamparo, pase en cuestión de horas al cuidado de unos padres.

A partir de ese momento, las Administraciones pueden determinar la calificación que recibe la situación del menor, es decir, si está en disposición de ser adoptado -cuando consta renuncia expresa de los padres biológicos o ha sido retirada la patria potestad por sentencia judicial- o acogido, o si este acogimiento debe producirse en la familia extensa -tíos o abuelos- o una en familia ajena. O si es de urgencia, simple o complejo; abierto, preadoptivo, profesional o terapéutico... un monumental galimatías a gusto de las comunidades autónomas, a quienes el Senado hace también un llamamiento para lograr acuerdos estatales aunque sean mínimos.

El acogimiento familiar inmediato evita que el más indefenso del proceso -el menor- resulte psicológicamente dañado mientras las Administraciones hacen su trabajo o las familias biológicas pelean en los juzgados contra la Administración, o con la familia de acogida o ambas entre sí, como ha ocurrido en los casos estremecedores de la niña Piedad (Canarias) o Diego, de El Royo (Soria), o los gemelos Iván y Sara, de Dos Hermanas (Sevilla), y otros muchos, obligados a permanecer en instituciones año tras año mientras se dirime la inacabable pugna por su custodia.

El fin último de la reforma es evitar que todo el tiempo empleado en burocracia no corra en contra del niño, como ocurre en la actualidad, sino mantenerle a salvo, lejos de las impersonales cunas de las instituciones.

Algunas intervenciones de expertos han sido muy críticas con los centros, entre otras razones por las condiciones laborales de los técnicos, que favorecen una movilidad excesiva. Según consta en el Diario de Sesiones, uno de los expertos dijo: "Cuando uno de estos niños nos pregunta: '¿Mi mamá sigue drogándose?' le pueden contestar hasta 13 profesionales distintos".

La comparecencia de la portavoz de Amnistía Internacional, del presidente de la ONG Prodeni, entre otros, y muy especialmente el exhaustivo informe del Defensor del Pueblo de 2009 sobre 27 de estos centros -elegidos al azar- han sido determinantes para la decisión de clausura. Pero también lo fueron los expertos que explicaron cómo la mayoría de países del entorno español han cerrado los centros y el sistema funciona mejor. Mejor para los niños -el objetivo principal- y mejor también para las arcas públicas, ya que una plaza en familia siempre resulta más económica que una institucionalizada. Aportaron datos: entre 3.500 y 6.000 euros mensuales en un centro residencial y entre 400 y 1.000 euros al mes en el caso de las familias.

Tanto senadores como comparecientes destacan que no todos los centros funcionan mal, y se han facilitado cifras de la generosa financiación que reciben por parte de las Administraciones, pero todos coinciden en que hasta los mejor dotados impiden lo que los psicólogos llaman "el vínculo emocional estable", imprescindible para asentar la personalidad y afrontar la adolescencia con los mismos problemas que los otros niños, pero no más.

El catedrático de Psicología Evolutiva de la Universidad de Sevilla, Jesús Palacios, contó ante la Comisión que un estudio efectuado en Andalucía con adolescentes adoptados o acogidos y adolescentes institucionalizados ofreció un "grado de satisfacción vital" de 15 puntos por debajo para estos últimos.

La propuesta del Senado consiste en un cierre "escalonado", en el "menor tiempo posible", que afectaría en primer lugar al tramo de edad de cero a tres años y en una segunda fase, de los tres a los seis. Desde esta edad y hasta los 11 serían los siguientes en abandonar los centros, y finalmente, los casos más difíciles para la adopción o la acogida, es decir, los mayores, quienes están agrupados en más de tres hermanos, o padecen enfermedades graves o presentan serias alteraciones de conducta, sí permanecerían durante un tiempo en las instituciones, pero con la advertencia expresa de que hay que ir desmantelando las grandes instalaciones y sustituirlas por pisos u hogares tutelados, donde convivirían 6, 8 o 10 de estos niños como máximo.

Los senadores son conscientes de que se enfrentan a una red de intereses que opondrá resistencia ante la medida: la mayor parte de las instituciones cuenta con gestión privada, en algunos casos son órdenes religiosas y en otras empresas o incluso multinacionales, como dijo la presidenta de la Asociación para la Defensa, Amparo y Garantías en la Adopción y Acogimiento de Menores (DAGA), María del Mar Calvo Cortés, que está ocurriendo en Andalucía y la Comunidad Valenciana.

Sin embargo, existe unanimidad entre los grupos parlamentarios y convencimiento de que la situación necesita un cambio radical. En palabras de la portavoz del PP, Gádor Ongil, "lo mejor de la comisión es que por una vez estamos de acuerdo, y lo hemos hecho porque estamos hablando de niños".

Profesión: cuidador de hijos

Una de las recomendaciones más innovadoras del informe del Senado es la introducción en España de las familias profesionales de acogida, es decir, personas que, tras demostrar que están capacitadas y haberse sometido a los cursos de formación necesarios, tienen como "profesión" la crianza de niños desamparados con problemas añadidos de salud, emocionales o de comportamiento.

Se trata de un modelo que funciona con eficacia en el mundo anglosajón, y que suele estar formado por parejas de médicos, psicólogos, pedagogos, asistentes sociales u otras profesiones relacionadas con la infancia. Aunque estas especialidades tienen preferencia, ya que se entiende que pueden ser las más adecuadas para ayudar a los menores, también pueden optar al acogimiento remunerado personas con otro tipo de trabajos siempre que superen las pruebas de aptitud.

Estas familias cobran una cantidad por cada menor acogido y puede constituir su única vía de ingresos. En lugar de cuidar a los niños antes o después de ir al trabajo, como ocurre ahora, el trabajo estará en casa y consistirá precisamente en la atención directa a los menores. La recomendación siguiente de los senadores incide en la necesidad de intensificar los controles posteriores al acogimiento para evitar fraudes.

Algunas comunidades autónomas ya destinan pequeñas cantidades a las familias de acogida, en algunos casos con aportaciones directas -cerca de 500 euros en el País Vasco o la Comunidad de Madrid- y en otros mediante ayuda fiscal o becas de comedor. Tampoco en este aspecto los senadores han podido obtener datos que permitan trazar el mapa español de las ayudas.

Claves de la reforma

- Centros. Cierre progresivo de los centros, hasta alcanzar el acogimiento familiar de los menores de cero a seis años.

- Biología. Menor prevalencia de los derechos de las familias biológicas y más atención a los intereses del menor y a su estabilidad emocional, de acuerdo con una sentencia del Tribunal Supremo de 2009.

- Acogimiento. Campañas de captación de familias de acogida y mayor coordinación entre las comunidades autónomas tanto en los requisitos previos como en las ayudas económicas y la relación con la familia biológica.

- Educación. Flexibilizar la rigidez actual del sistema educativo en lo referente a la edad que corresponde a cada curso o la repetición de este. Reconsideración para estos niños de la norma general de repetir solo en los años pares.

- Listas únicas. Elaboración de una lista única de adoptantes, tanto nacionales como internacionales.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Proyecto IZEBA



El Proyecto Izeba se configura como una red de familias o personas (hogares) que aceptan actuar como tíos/as acogedores/as de menores extranjeros no acompañados (MENA) para contribuir a su mejor integración. La función que desempeñan estas familias de referencia y acompañamiento son las propias de un/a tío/a que vive cerca de un/a sobrino/a al que, por ejemplo, por razones de estudio le está tocando vivir lejos de sus padres. Esta iniciativa se pone en marcha y desarrolla mediante un convenio suscrito por el Departamento de Política Social de la Diputación Foral de Gipuzkoa y el centro Baketik de Arantzazu.

Baketik ha publicado en su web un documento que recoge información, recursos y pautas para el desempeño de la función de tíos/as acogedores/as. Las pautas consisten en recomendaciones que conviene tener en cuenta para orientar de la forma más constructiva posible la relación entre las familias voluntarias y los menores a los que queremos acompañar:

1. Entender lo que somos y lo que no somos. No somos los padres biológicos, ni adoptivos de estos niños. Somos familias o personas que queremos acompañar y ayudar a estos menores a integrarse mejor en nuestro entorno social. Adoptamos imaginariamente la figura de tíos/as para situar mejor nuestra función.

2. Asumir lo que podemos y lo que no podemos. Las familias de acompañamiento no somos responsables de «salvar» o «reeducar» a estos menores. Por más que nos gustase no podemos arreglar radicalmente sus vidas. Nosotros/as sólo podemos crear condiciones que contribuyan a su mejor integración es decir que les ayuden a vivir y a convivir mejor.

3. Saber que creamos condiciones mediante la afectividad y la conectividad. Creamos condiciones de dos maneras: hacia dentro, construyendo una relación que elabora, ofrece y recibe afectividad; y hacia fuera, facilitándoles en nuestro entorno el despliegue de relaciones sociales de proximidad, amistad o intereses y aficiones compartidas.

4. Crear condiciones de afectividad: principios y criterios básicos. Crear, construir y sostener, un espacio de afectividad con los MENA implica, al menos, lo siguiente: (1) mirada positiva, (2) constancia y regularidad, (3) comunicación y empatía, (4) apoyo y contención, y (5) amor y límites. De la suma de todo ello puede nacer una relación basada en (6) la confianza.

4.1. Afectividad, en una primera instancia, es ofrecer una mirada positiva, comprensiva y libre de prejuicios. Simplemente esa mirada tiene un poder enorme de oportunidad, integración, crecimiento o cambio y mantenerla durante el tiempo de acompañamiento debe ser un objetivo de los tíos/as.
4.2. La afectividad es regularidad y constancia. Estar ahí pase lo que pase, al menos, una vez a la semana. No es tarea de un día. No debe esperarse que desde el primer momento el afecto y la confianza broten a borbotones. Debe construirse pacientemente y paso a paso con perspectiva de proceso y progresividad.
En concreto, podemos invitar al menor una vez a la semana a comer con la familia o a hacer una excursión. Podemos llamarle periódicamente por teléfono para interesarnos por su situación. No conviene organizar estancias para dormir en casa. Esta posibilidad debe ser el resultado de un proceso que deberá ser consultado con el equipo de apoyo especializado y el centro de acogida.

4.3. La afectividad es comunicación y empatía. Comunicación y empatía se pueden traducir en una única idea: escuchar sin juzgar. Podemos juzgar los hechos pero no a las personas. Si juzgamos a las personas no podemos escuchar, ni dialogar ni comunicarnos. Comunicación y escucha en este caso quiere decir interesarnos profundamente por la historia de estos niños y compartir con ellos la nuestra.
En concreto, podemos interesarnos por su familia, su escuela, sus amigos, su pueblo. Intentar entender su religión y tradiciones sin prejuicios. Intentar sentir su historia como una historia de nuestra propia familia. Y en el mismo nivel compartir con ellos nuestra historia y nuestra vida. Todo ello poco a poco y paso a paso.

4.4. La afectividad es apoyo y contención. La comunicación y la empatía será más propicia si ven en nosotros/as un apoyo fiable y regular. Tenemos que apoyarles y ayudarles sin abrumarles y sin ingenuidades. No debemos olvidar que sus edades rondan la adolescencia y esto añade dificultad. Por eso, tenemos que saber que contenerles también es apoyarles. La contención no es imposición ni prohibición, es acompañamiento, orientación, negociación y, en algunos casos, negación.

En concreto, podemos ayudarles en la resolución de cualquier tipo de problema personal, apoyarles en el aprendizaje del idioma, o en su formación académica, o en la elección de un estudio o profesión. Podemos acompañarles a comprarse ropa, calzado u otra necesidad. Podemos ofrecerles nuestras opiniones y consejos favorables o desfavorables y podemos hacer acompañamiento de sus procesos personales. Ahora bien, todo ello debe hacerse tratando de entender su ritmo y su autonomía, sin agobiarles y sin excesos de paternalismo ni de candidez. Contención al principio es también no dejarles solos en casa, ni darles las llaves, ni dejar tentaciones a su alcance. Todo esto debe ser fruto de un proceso de sentido común.

4.5. La afectividad es amor y límites. El amor es la voluntad de promover al otro en cuanto otro (Nedoncelle). Se trata de transmitir este sentimiento mediante el reconocimiento, la aceptación, la valoración, la expresión de lo que sentimos hacia estos menores. Pero el amor no debe confundirse con una permisividad carente de límites, a veces implica conflicto y dificultad que deben ser afrontadas.

En concreto, podemos expresar a estos nuevos sobrinos nuestro cariño y afecto con la palabra, con la mirada, con una caricia o con un abrazo, con un gesto o con una actitud. En tanto que la afectividad también es límite y aunque no seamos sus padres debemos saber decir «no» cuando debe decirse «no». En estos casos, no dejaremos de ser sus tíos/as ni de quererles. Seguiremos estando ahí, pero les expresaremos claramente nuestro desacuerdo y negociaremos con ellos sus consecuencias. En casos en los que no sepamos como gestionar una situación de dificultad o conflicto podremos consultar con el equipo de apoyo especializado.

4.6. La afectividad es finalmente confianza y gratuidad. Un espacio de afectividad que crece tiende hacia una relación de confianza y gratuidad recíproca. Esa afectividad es dar y confiar sin esperar nada a cambio, y es estar dispuesto a recibir con humildad. La relación entre los MENA y las familias de tíos/as acogedores/as no debe ser material ni económica. La confianza y la gratuidad debe construirse mediante una afectividad que se asienta en la constancia y la regularidad, la comunicación y la empatía, el apoyo y la contención, y el amor y los límites.

En concreto, las familias podemos dar a estos niños todo lo que podamos para sostener ese espacio de afectividad; pero no debe basarse en la recompensa material. No debemos darles dinero, ni comprarles regalos, salvo en circunstancias extraordinarias como cumpleaños, fiestas o similares. Por otra parte, en la medida en que crece la confianza y la gratuidad las familias podrán invitar paso a paso a los menores a estancias breves. Progresivamente, dormir una noche en casa, pasar un fin de semana, o algunos días en vacaciones.

5. Crear condiciones de conectividad: algunas sugerencias. En la filosofía del Proyecto Izeba, tan importante como crear un vínculo de afectividad familiar es que las familias voluntarias puedan servir de cauce y mediación para que los menores puedan desplegar nuevas relaciones en el entorno local de la familia o de residencia de los menores. Algunas sugerencias para desarrollar criterio pueden ser las siguientes:

* Interesarnos por sus aficiones y animarle a involucrarse en actividades deportivas o de ocio de su gusto que se desarrollen en el ámbito local.

* Animarle a introducirse en las fiestas, en las costumbres y en la cultura local mediante la participación o asistencia a actividades.

* Estar en contacto con las entidades locales que fomentan actividades de integración multicultural y aprovechar las oportunidades.

* Si en la familia propia existe algún menor de edad similar podemos tratar de facilitar, con tacto, la relación entre ambos. Sin ninguna duda, un menor adolescente sería el agente de integración natural más potente para otro menor de la misma edad. Sin embargo esto debe hacerse con naturalidad, sin forzar situaciones y sin obviar las dificultades que pueden plantearse.

* Con el mismo cuidado, podemos tratar de buscar el contacto con otros jóvenes de su edad del barrio, de hijos/as de amigos/as, o aprovechando cualquier circunstancia favorable para ello.

Un comentario final. A pesar de todas estas recomendaciones y consejos, a pesar de que pongamos lo mejor de nosotros/as, no podemos olvidar que somos limitados/as, que la tarea es compleja y difícil y que, en definitiva, debemos estar preparados para fracasos puntuales e incluso definitivos. Nuestra peor tentación y nuestra expectativa más destructiva puede ser la de creer que podemos ser «salvadores» de estos niños, que podemos apropiarnos de sus vidas para corregirlas y enderezarlas. Si hiciéramos esto cometeríamos un grave error.

Ya lo hemos dicho, sólo podemos crear condiciones, no podemos controlar los resultados. Dice Vaclav Havel que «la esperanza no es la convicción de que todo saldrá bien sino la seguridad de que tiene sentido lo que hacemos sin preocuparnos de los resultados».

viernes, 30 de octubre de 2009

Programa de Informe Semanal sobre Acogimiento Familiar Profesionalizado

Padres de profesión




Tiene 15 años y ha pasado la mitad de su vida en centros de menores. Los años en que se ha formado su caracter. Alejado de su familia, Eneco creció entre graves dificultades y se convirtió en lo que los especialistas llaman una persona con problemas de conducta.

Hsta el 25 de abril de este año. Ese día entró en su vid Alaia, una trabajadora social especializada en adolescentes y seleccionada para el programa de padres de acogida profesionalizados de la Diputación Foral de Guipúzkoa...

Unos doce mil niños viven en centros de menores en España. Conseguir una familia de acogida para ellos no es fácil, más si se trata de niños especiales o con grave discapacidad. De hecho, nuestro país, que adopta miles de niños en el extranjero, es uno de los que tiene mayor número de menores internados en centros. Algunas comunidades han puesto en marcha una fórmula que está dando resultados: contratar familias profesionalizadas. Especialistas que pueden dedicarse en exclusiva a estos niños a cambio de un sueldo.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Hacen falta familias para acoger temporalmente a niños


En la provincia de Cuenca, al igual que en el resto de España, falta cultura sobre el acogimiento familiar, no se conoce bien.
Así nos lo dió a conocer, en una clase de Prácticas de intervención en Trabajo Social nivel II, Fernando Blanco, presidente-fundador de ACOFAM (Asociación para el Acogimiento Familiar), una organización constituida recientemente en Cuenca y que ha firmado un convenio de colaboración con la Consejería de Salud y Bienestar Social. Uno de sus principales objetivos es el de ocuparse de la difusión, captación, formación y seguimiento de las familias acogedoras. Cualquier persona o núcleo familiar puede acoger a un niño o niña que necesita ayuda, mientas esté dispuesta a ofrecer un ambiente estable y afectivo adecuado. Los niños, de 0 a 18 años, están siendo atendidos por los Servicios de familia de las Delegaciones de Salud y Bienestar Social. Según la situación particular de cada niño y la de sus padres, pueden necesitar ser acogidos durante fines de semana, o por unos días, meses e incuso años.

Acoger a un niño o a una niña significa compartir con ellos nuestra familia, nuestra estabilidad, nuestro cariño, nuestro modo de vida y nuestro mundo, evitando que tenga que ingresar o permanecer en un centro y favoreciendo así el normal desarrollo de su personalidad. Cuando acogemos a un niño le proporcionamos una experiencia de vida normalizada hasta que su padres puedan hacerse de nuevo cargo de ellos.

Si tienes interés por este tema, ACOFAM te puede atender en ls teléfonos 969239078 y 606510174. Sus oficinas se encuentran en la C/ Carretería 3, 1ª de Cuenca.

lunes, 27 de julio de 2009

“Necesitamos más familias que quieran acoger niños”


La llegada de un nuevo miembro a una familia siempre es motivo de alegría. Algunas, sin embargo, se ven obligadas por su situación a separarse de sus hijos y darlos en acogida hasta que sus circunstancias particulares les permitan recuperarlos. Desde que los servicios sociales deciden que es mejor para un menor abandonar el hogar familiar, éste entra a formar parte de una red de acogida que le llevará a una residencia o con una familia —propia o ajena— según las necesidades.
La Junta de Comunidades tiene en la provincia de Cuenca siete residencias de acogida de menores con 88 plazas conveniadas de diferentes tipos —primera acogida, media estancia y larga estancia—, explica la responsable del Servicio de Salud, Cristina Notario. Además, actualmente hay 56 menores en acogimiento familiar y diecinueve susceptibles de ir a un hogar... para los que por el momento no se ha encontrado familia. Y es que el número de familias que se deciden a tener a un menor en acogida es más bajo que el número de niños y niñas que necesitan unos padres de acogida para superar su situación.
“El número de niños que necesitan una familia de acogida ha subido, pero es normal —cuenta Cristina Notario— porque hasta hace muy poco todo era acogimiento residencial”. El programa de acogimiento familiar lleva en funcionamiento desde 2003 y es “un programa menos conocido”. Notario destaca que, a pesar de ello, ya hay familias que lo están realizando “y que reciben una importante satisfacción personal”
Acogimiento familiar
Cuando los técnicos responsables del programa determinan que lo mejor para un menor es que vaya a una familia, lo primero que se valora es si pueden acogerlo familiares directos que hayan estado antes en contacto con él y tengan capacidad para tenerlo en casa. Es lo que se llama “familia extensa” y es el principal grupo de acogimiento familiar, detalla notario. De los 56 menores en acogimiento familiar que hay en Cuenca en la actualidad, 41 están con familia extensa.
Los otros quince se encuentran en familias totalmente ajenas a la suya. Son precisamente éstas las más escasas y difíciles de encontrar, de ahí que los técnicos del programa procuren cuidarlas mucho. “Las familias de acogida tienen ayudas económicas específicas para que el menor no sea una carga en este sentido, se pueden acoger a otras del Estado como familias numerosas, prestación por hijo a cargo o baja maternal si la acogida excede el año... Y les ayudamos en lo que podemos” asegura.
Un proceso complejo
De todos modo, el objetivo principal cuando un menor tiene que ser separado de sus padres es “que vuelva con su familia biológica”. Quizá el hecho de saber que el acogimiento es temporal es una de las cosas que más echan para atrás a las familias a la hora de apuntarse al programa. Cualquier familia puede acoger y, antes de entrar a formar parte de una bolsa regional, los futuros padres de acogida pasan por un periodo de formación. Algunos se echan atrás, la mayoría no.
“Acoger es un acto altruísta, de generosidad. De querer darte a ese menor que lo necesita” considera Notario. Pero el proceso es complejo, reconoce. “Aquí no es cosa de dos y dos son cuatro” asegura. Cada caso es diferente, por eso “el tiempo que se tarda en encontrar una familia de acogida, por ejemplo, no es un dato relevante”. Además de que no todos los menores pasan necesariamente a una familia de acogida. Lo que sí es cierto es que hay diecinueve actualmente que la necesitan. Por eso, desde el programa hacen un llamamiento a las familias conquenses, para que se animen.
Publicado en El Día de Cuenca del lunes 27 de Julio de 2009, por Berta López