martes, 14 de febrero de 2012
ENFERMEDAD Y MUERTE EN LA CARCEL
martes, 8 de junio de 2010
De talento criminal a espíritu emprendedor
Un programa pionero respaldado por el Injuve e Instituciones Penitenciarias ha logrado sacar a jóvenes delincuentes de la cárcel, ayudándoles a montar sus negocios.En el diario Público, del 6 de junio de 2010
"No es nada personal, sólo son negocios", repetían los Corleone en El Padrino. Nadie podrá negar que algunos reconocidos criminales tenían un don especial para los negocios. Talento para diseñar operaciones, olfato para detectar beneficios, carácter para coordinar grupos humanos, arrojo para correr riesgos, iniciativa para levantar proyectos, capacidad de negociación... ¿Por qué no utilizar precisamente ese talento natural para reinsertar al condenado? ¿Por qué no reconducir ese espíritu emprendedor en beneficio de todos?
"Y eso que el programa es duro, muy duro. Aquí no se viene a llorar, aquí se viene a trabajar", asegura Miguel Ángel Díaz, responsable de coordinar el proyecto desde Instituciones Penitenciarias. No se lo ponen fácil a los presos. Se les carga de responsabilidades y se les hace ver que por primera vez está en su mano salir adelante. En cuanto son aceptados en el programa, pasan al centro penitenciario Victoria Kent, en tercer grado, y sólo tienen que regresar para dormir. De golpe, les dan las riendas de sus vidas.
Bogdan, que llevaba un lustro a la sombra, tiene claros los numerosos beneficios del proyecto. "El secreto está en que no te puedes apuntar al programa", afirma este rumano, uno de los recién licenciados que ahora se halla en plena pista de despegue hacia su propia empresa. En efecto, no entra quien quiere. Todo comienza preseleccionando a los internos que puedan resultar idóneos. Se sirven de toda una red de ojeadores: funcionarios, educadores, psicólogos... que trabajan a diario entre los presos. Su olfato les sirve para detectar quién tiene realmente ese "gen emprendedor" necesario para tener éxito.
"Incluso me compré un libro, que costaba 20 euros, sobre motivación de equipos", presume este joven de 31 años, que montará un negocio de coaching, para planificar estrategias que ayuden a las personas a superar sus retos.
Proceso de selección
Después de la preselección, se enfrentan a un duro cásting, que los propios presos recuerdan como una de esas escenas cinematográficas en las que un comité examina al preso para determinar si son aptos para la condicional. "No podemos dejar que se engañen ni que nos engañen. Tienen que mostrar ese gen emprendedor y proponer un negocio viable para ellos; aquí no se viene a poner una macrodiscoteca", precisa Díaz.
Además, para el próximo curso (ya van tres promociones) se va a depurar aún más el proceso, centrado especialmente en los problemas de drogas, ya que los únicos cuatro presos a los que se tuvo que expulsar fue por consumo de estupefacientes.
En cualquier caso, hoy por hoy ya tratan las necesidades y lagunas de cada uno de los presos individualmente (ya sea la informática o la sociabilidad), una de las mayores virtudes del programa.
Antes de la formación financiera, los internos reciben una preparación para la libertad, mediante un taller de herramientas para la vida. "De pronto, se van a encontrar con que el patio de la cárcel es toda la Comunidad de Madrid. Y allí no saben de qué pie cojea cada uno, como en prisión, lo que les expone a volver a cometer un delito", asegura Díaz.
Se organizan encuentros con voluntarios, que además son empresarios de éxito, para ayudarles a socializarse, a hablar con gente normal, de la calle. Una experiencia que aprecian especialmente, porque no sólo les aporta conversación, sino ideas y consejos para sus negocios en ciernes.
Además, reciben clases de inteligencia emocional, para que aprendan a gestionar sus sentimientos y a relacionarse con los demás. "Descubres cómo te ven los demás. Es un buen momento para mirarte al espejo por primera vez", asegura Petronella, Ella, una chica que lleva las finanzas en las venas, hasta el punto de que a menudo tomaba las riendas de las clases de economía.
"Se hacen mayores de pronto; descubren por primera vez que no hay un culpable externo de todo lo que les pasa", resume Díaz, uno de sus tutores. Bogdan, tan expresivo y carismático como un líder de masas, también utiliza la metáfora del paso a la madurez: "Tras el paso por la cárcel, estás acostumbrado a pedirlo todo, como los niños a sus madres. Cada vez que necesito algo, se pone en marcha una maquinaria para ver si me lo dan. Ahora, me lo tengo que currar para conseguirlo", resume.
El trabajo más técnico se lleva a cabo en la Fundación Tomillo, una entidad que se dedica a fomentar el autoempleo entre los sectores más expuestos a la exclusión social. Allí les ayudan a detallar sus planes y les proporcionan conocimientos empresariales que sean suficientes para llevar las riendas de su comercio o de otros venideros.
"Para nosotros es un reto técnico, porque las empresas que nos están planteando estos jóvenes presos son de lo más innovadoras", asegura Malena Francia, coordinadora del programa de Emprendimiento.
"Nuestro reto no es sólo que logren poner en marcha su proyecto, sino que se consolide y mantenga", afirma Francia, una de las responsables de lidiar con la banca para conseguir microcréditos para los negocios.
No hay lugar para la caridad, y menos en los tiempos que corren. Los planes empresariales que preparan concienzudamente los presos, de docenas de páginas, no dejan nada a la improvisación: está todo atado y bien atado. "Primero, nos dan la posibilidad de fallar sobre el papel, para no llevarte un chasco más adelante. Ahora ya tengo todos los números en la cabeza, y cuadran", comenta emocionado Bogdan.
Ganárselo trabajando
No obstante, los créditos sólo cubren una parte de los gastos; el resto lo tienen que poner de sus ahorros, de lo que ganen trabajando en la calle. En la penúltima fase del programa, tras la formación, deben buscar un empleo por cuenta ajena que les prepare para las relaciones profesionales y con el que ganar un sueldo para montar su negocio.
"Me está costando mucho encontrar curro, porque lo mío era la construcción y eso está parado", lamenta Óscar, que a pesar de que lleva más de un año limpio, se encuentra aún con el rechazo del mercado laboral que el programa pretende sortear.
Este proyecto no sólo transforma malhechores en autónomos respetables. Además, en un sólo año, está dejando huella en las cárceles de las que ha salido alguno de los alumnos. Lo atestigua Franco, de la segunda promoción, ex compañero de celda de Bogdan: "Cuando él se fue, me cambió la vida: ya sabía lo que debía hacer. Hizo historia en Valdemoro. Ahora más internos tratan de portarse bien, de mejorar sus resultados en los cursos y los programas", afirma.
El propio Bogdan reconoce un plus de responsabilidad: "Si nosotros lo hacemos bien, el programa seguirá adelante. Hay que lograr que más presos lo consigan".
La intención de la cooperativa Iniciativas, que coordina el proyecto con la ayuda del Injuve y de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, es que a lo largo de 2010 participen 45 nuevos internos. Y exportarlo más allá de Madrid, a otras prisiones.
martes, 2 de febrero de 2010
¿HACEN FALTA PENAS MÁS DURAS?

La recientes declaraciones de responsables políticos que reclaman la implantación de la cadena perpetua y una nueva modificación de la ley del menor, llevan una vez mas a que debamos formularnos algunas preguntas con objeto de clarificar y poner sensatez en el debate social, así como ayudar a los ciudadanos a que reflexionen sobre estas cuestiones. A ser posible, lejos de la emoción y el sentimiento que producen crímenes terribles o, más propiamente, la repetición sistemática en los medios del recuerdo de crímenes terribles que llevan a la sociedad a la percepción de que ocurren habitualmente.
Estas preguntas pueden ser: ¿cabe la cadena perpetua en nuestro ordenamiento? ¿Es realmente necesario endurecer aun mas nuestras leyes penales? ¿Qué estamos haciendo con las víctimas?
Con respecto a la primera, la respuesta es rotundamente no, y no sólo porque el artículo 25.2 de la Constitución (CE) establece la reinserción del penado como objetivo, sino porque, como señala el Tribunal Constitucional (TC), la preparación para la vida en libertad a lo largo del cumplimiento de la condena constituye un mínimo innegociable (sentencia 112/96 del TC). Pero no se agotan aquí los argumentos constitucionales: la posibilidad de confinar toda su vida a una persona en una cárcel es un atentado contra la dignidad humana protegida en la Constitución (art. 10), contra la promoción de la igualdad real y efectiva (art. 9.2) y contra la proscripción de tratos inhumanos y degradantes (art. 15).
En cuanto a la segunda pregunta, sólo cabe acudir a las estadísticas y a los datos oficiales. Como pone de relieve un reciente trabajo de la Plataforma Otro Derecho Penal es Posible, España tiene uno de los porcentajes de presos más altos de Europa, habiéndose llegado a cuadruplicar su población penitenciaria en el período 1980-2009. En algo menos de 30 años hemos pasado de tener una población reclusa de 18.583 a 76.771 personas, lo que constituye un dato de por sí revelador y nos sitúa a la cabeza de Europa. Así, la tasa de los países europeos oscilan entre las 63 por 100.000 habitantes de Noruega y las 164 encarceladas que hay en España. Y, sin embargo, la tasa de criminalidad en España es menor que la media de los países europeos. A falta de datos de 2009, en el año 2008 la tasa de delitos por cada 1.000 habitantes fue en España fue de 47,6. La media Europea está en el 70,4. Otros países de nuestro entorno, con sistemas policiales y penales percibidos por la población como más duros, duplican la nuestra o son notoriamente más elevados, como por ejemplo Reino Unido (101,6) o Alemania (76,3). Un último dato en cuanto al endurecimiento de las penas: según datos de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, actualmente –enero de 2010– hay en España 345 personas presas (sin contar las condenadas por delitos de terrorismo) con penas no acumulables superiores a los 30 años; una de ellas tiene una condena de 38.585 días, esto es, casi 106 años. Esto quiere decir que, en la mayoría de los casos, no terminarán de cumplir sus condenas mientras dure su vida, pues a la edad que cada uno tenga, si la media fuera de 40 años de edad, en cuanto la pena sea superior a 35 años la vida en libertad se esfuma como posibilidad. ¿Saben realmente nuestros políticos lo que están diciendo?
Y si nos fijamos en la Ley del Menor, ¿cuántos crímenes terribles han sucedido en estos 10 años de vigencia? Prácticamente los podemos enumerar con los nombres que reciben en la prensa. Causan grave impacto social, pero tampoco llegamos a conocer las dramáticas circunstancias que rodean a sus protagonistas. La realidad es que en los juzgados de menores se produce un alto índice de intervención. Aunque la delincuencia registrada de las personas menores de edad es constantemente inferior al 2% de la de las adultas y de mucha menor gravedad, los juzgados de menores están imponiendo sanciones penales a un número altísimo de menores. Casi el 1% (1.000 de cada 100.000, a efectos de su comparación con las tasas de encarcelamiento de adultos) de personas entre 14 y 18 años reciben cada año una sanción penal por un juzgado de menores. Una tasa muy importante de intervención penal. Y además las sanciones son tan duras que pueden llegar a 10 años de internamiento en centro cerrado por cada delito cometido (obsérvese que esta cifra es mayor que la mitad de de la vida del chico castigado, y que puede cumplirse en un centro penitenciario, con las oportunidades que este ofrece y que tal vez no quisiéramos para un hijo nuestro para el que pediríamos una segunda oportunidad), lo que hace dudar del cumplimiento de los compromisos de España con la Convención de los Derechos del Niño. Y respecto a esa idea de bajar la edad penal a los doce años, ¿tenemos realmente un problema de política criminal con los niños de 12 y 13 años como para rebajar la edad penal? ¿No estaremos tratando de resolver con el derecho penal cuestiones que atañen a la educación de los niños y a su igualdad de oportunidades?
Y por último, en cuanto al tratamiento a las víctimas, el modelo que tenemos en España es el de la cronificación de su dolor, impidiendo la superación del duelo con la creación de asociaciones y la manipulación política o mediática de las mismas, sin que exista una verdadera política social de apoyo material y moral para ayudar a superar ese dolor, extendiendo a la sociedad los legítimos y comprensibles deseos de vindicación del daño sufrido.
Este es el panorama que ofrecen una y otra vez algunos políticos, que, irresponsablemente, siembran la desconfianza y alimentan el espejismo de que con el derecho penal vamos a solucionar problemas que han de encontrar remedio en la educación, la igualdad y en las políticas sociales.
Félix Pantoja es fiscal del Tribunal Supremo.
Lorena Ruiz-Huerta, profesora de Derecho Penitenciario en la Universidad Carlos III Xavi Echevarría, profesor de Derecho Penal en la Universidad de Deusto Julián Ríos, profesor de Derecho Penal en la Universidad P. Comillas José Luis Segovia profesor de Ética Política en la Universidad P. Salamanca Ramón Sáez, magistrado en la Audiencia Nacional Manuel Gallego, profesor de Derecho Penal en la Universidad P. Comillas Miembros de la plataforma Otro Derecho Penal es Posible
Ilustración de Javier Jaén
Si te ha interesado este artículo, te recomendamos que visites la Plataforma "Otro Derecho Penal es posible".
martes, 26 de enero de 2010
Crece el número de reclusos, pero menos

Las cárceles españolas cerraron el año pasado con 76.090 huéspedes. Con respecto al año anterior supone un incremento del 3,3%, el segundo menor de la década. Hay que remontarse a 2005 para encontrar una subida más moderada, el 2,6%. Las celdas de los centros penitenciarios acogían a finales de diciembre a 60.278 reclusos con condena (un 7,6% más en el año anterior) y 15.812 preventivos.
Las cárceles españolas cerraron el año pasado con 76.090 huéspedes. Con respecto al año anterior supone un incremento del 3,3%, el segundo menor de la década. Hay que remontarse a 2005 para encontrar una subida más moderada, el 2,6%. Las celdas de los centros penitenciarios acogían a finales de diciembre a 60.278 reclusos con condena (un 7,6% más en el año anterior) y 15.812 preventivos. Estos últimos, los que esperan entre rejas un juicio o una sentencia, descendieron un 10,2%. Un alivio después de una década en la que el incremento del número de preventivos osciló entre el 3,2% (en 2005) y el 14,4% (en 2002). Según fuentes gubernamentales, este importante descenso, "a falta de realizar un estudio riguroso de los nuevos ingresos" podrían indicar que la delincuencia disminuye, "porque el ingreso preventivo está más cerca del delito" que la condena.
Lo que no ha cambiado en los últimos años es el hit parade de las celdas. Los delitos que más reos arrastran a los centros penitenciarios siguen siendo los relacionados con el tráfico de drogas, los robos y los hurtos. Otro de los aspectos más destacables de 2009 ha sido la contención en el número de presos extranjeros. Frente a los vaticinios de que la crisis complicaría su situación económica, lo que se traduciría en un aumento de la delincuencia, la realidad arroja un resultado bien distinto: en 2007, el número de extranjeros encarcelados aumentó un 10,8%; en 2008, un 15,6% y en 2009, hasta octubre, un 4,7%. Unos incrementos consonantes con los del resto de población privada de libertad y que podría tener que ver con el incremento de las expulsiones de sin papeles reincidentes (ver página anterior).
Las subidas más importantes de 2009 tuvieron que ver, fundamentalmente, con los delitos de más reciente tipificación o cuyo endurecimiento se ha abordado en los últimos años: la violencia de género y la seguridad vial. El año acabó con 3.841 personas que dormían entre rejas por maltrato. Eso es un 46,5% más que en 2008 y supone 1.226 penados que se sumaron a los ya existentes. Pero si se hurga más en la estadística y se amplía el análisis a todos los presos que tienen alguna causa relacionada con la violencia doméstica (no sólo como causa principal), el número llega a 8.725, que son 1.935 más que en 2008, y representan un incremento del 28%.
[...] La población reclusa no ha parado de crecer en la última década, bien es cierto que de forma desigual: el aumento mínimo se registró en 2005 (2,6%) y el máximo, en 2008, con una subida del 9,6%. Desde la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias se explica que los incrementos que se han venido produciendo son fruto de las sucesivas reformas legales. El Código Penal de 1995 eliminó la redención de penas, con lo que la condena efectiva a cumplir se ampliaba. En 2003, se produjo la tipificación de más delitos y se dificultó el acceso al tercer grado. Y después llegó el endurecimiento de las penas por maltrato y por delitos al volante. La saturación de las cárceles es una constante en España, el país de la Unión Europea con una mayor tasa de reclusos (157) por cada 100.000 habitantes. El hacinamiento en los penales se transmite de generación en generación.
Las medidas que han impedido que el sistema se desbordara en los últimos años ha sido, amén de la construcción de nuevas cárceles, la puesta en marcha de medidas alternativas al encierro, como las pulseras de control telemático, los cursos de rehabilitación, los trabajos en beneficio de la comunidad, y, especialmente, los centros de inserción social, establecimientos penitenciarios que albergan a reclusos en tercer grado, los que sólo van a dormir a la cárcel. Esto ha permitido dejar libres celdas que han sido ocupadas por preventivos y otros penados. Actualmente hay seis cárceles en construcción (ver gráfico) y otras cinco proyectadas.
martes, 24 de noviembre de 2009
Jóvenes privados de libertad
viernes, 4 de septiembre de 2009
Hablando de las relaciones de pareja en el Centro Penitenciario de Cuenca

Este es su relato de la experiencia:
La tercera sesión consistió en un cuentacuentos. Uno de los internos leyó un cuento de Jorge Bucay, Sobre el amor, del libro "Cuentos para pensar", con el que pretendía hacer reflexionar a partir de la historia de amor de una pareja, aparentemente perfecta, pero que refleja los estereotipos de la mujer y del hombre en una relación sentimental. Comportamientos de los que no nos damos cuenta, que damos por sentado que deben ser de una determinada forma.
La cuarta y última actividad se realizó en dos sesiones. Consistió en escenificar un juicio a un marido acusado de matar a su mujer, aunque en el relato de los hechos también existía la posibilidad de que ella se hubiera suicidado. El primer día, una vez leído el relato de los hechos, se repartieron los papeles entre los internos que representarían el juicio al día siguiente. Todos querían participar y tener algún papel, de forma que se distribuyeron los siguientes: juez, acusado, fiscal y sus dos testigos, el abogado de la defensa y sus dos testigos, el médico forense y el resto harían de jurado popular. También se distribuyó información sobre las leyes y procedimientos necesarios para que pudiera celebrarse el juicio, y se les aconsejó que se lo prepararan para la siguiente sesión.
Al día siguiente, realizamos el rol-playing y salió bien, aunque algunos no se lo habían preparado. Ellos fueron los que condujeron el juicio, puesto que conocen por experiencia propia como funcionan. Tratamos la cuestión de los malos tratos y la resovieron con una sentencia de culpable para el acusado. La historia en la que nos habíamos basado para realizar el juicio era un caso real, en el que el tribunal había decalrado inocente al marido, pues la mujer se había suicidado.