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martes, 14 de febrero de 2012

ENFERMEDAD Y MUERTE EN LA CARCEL

Emiliano, de ASDECOBA (Asociación para el Desarrollo Comunitario del Barrio Buenos Aires de Salamanca), nos hace llegar su opinión sobre la situación de personas muy enfermas que están muriendo en las cárceles españolas.

Es un hecho que en las cárceles españolas la muerte se hace presente demasiadas veces; la enfermedad mental afecta a más de 18.000 personas y las drogodependencias al 50% de las personas internas en prisión.

Resulta, cuando menos, muy preocupantes, yo diría que escandalosos estos datos que la realidad actual de las cárceles españolas nos presenta.

“Recordar que la Administración ostenta un singular deber legal de aseguramiento de la vida y de la integridad física y psíquica por parte de quien ejerce una función de custodia”, (“Otro derecho penal es posible, documento 2º”). Este recordatorio contrasta con la realidad de la muerte casi permanentemente en las cárceles del Estado, con el número de personas enfermas mentales absolutamente inadmisible, y con el tanto por ciento preocupante de personas dependientes y consumidoras de estupefacientes.

Me resultan imprescindibles y necesarias estas reflexiones, ante hechos que se repiten lamentablemente con demasiada frecuencia. ¿Cómo es posible que permanezca en un Centro Penitenciario una persona enferma de SIDA en fase terminal; o un enfermo en fase de postración con una enfermedad sin solución, como el cáncer; o un enfermo mental; o un consumidor habitual de drogas, incluso hasta llegar a fallecer en el Centro?.

La humanización y los Derechos humanos que esta sociedad dice defender deberían hacerse realidad constante y eficiente en el tratamiento de tantos y tantos casos que exigirían que estas personas estuvieran en los mejores lugares para un adecuado tratamiento, o en el ámbito del cuidado familiar, si estamos hablando de personas en situación de sufrir enfermedades en fase irreversible.

Entre los años 2.000 y 2.008, según fuentes de la S.G.I.P, y que recoge el libro “Andar un Km. En línea recta”, fallecieron por diversas causas más de 1.500 personas en las cárceles españolas, de las cuales llama poderosamente la atención de que sólo en 2.008, 94 fallecieron por sobredosis o por SIDA.

En este mismo libro afirman sus autores que, “en las cárceles no hay ni la adecuada asistencia sanitaria, ni sobre todo la asistencia en materia de salud mental que la prevalencia de trastornos mentales en prisión exigiría”.

La anterior Secretaria General de Instituciones Penitenciarias llegó a afirmar que las cárceles españolas estaban llenas de pobres y enfermos mentales.

El Observatorio Europeo de las Drogas y Toxicomanías calcula “que en España la población reclusa que presenta problemas de consumo de sustancias ilegales supera el 50%. Lo que equivale a más de 25.000 personas drogodependientes en prisión”.(XV Congreso Políticas Sociales para abolir la prisión).

En este mismo informe del Congreso, dice que, “la demanda de droga va en aumento dentro de las prisiones, siendo difícil el control de la oferta por razones sanitarias y estructurales”; Y continúa, “la prisión como espacio cerrado y aislado activa el contagio de conductas y estrecha la relación entre prisión y drogas”.

En este mismo informe se recoge que “Instituciones Penitenciarias estimaba un 25,6 % de población presa con diagnóstico psiquiátrico y de trastornos de personalidad”.

De esta manera las cárceles se han convertido en psiquiátricos sin serlos.

A esta tremenda realidad me surgen preguntas como, ¿Por qué alguien que no puede responsabilizarse de su delito, debe pagar por él?. ¿No es sintomático el número de muertes dentro de las cárceles para considerar la ineficacia de los procesos utilizados con personas en situaciones agudas y de trastornos graves? ¿No debe replantearse la política del sistema penitenciario ante la ineficacia en estos casos? ¿Qué pensar desde estos casos, demasiados, ante el coste de una persona presa, más de 40.000 € al año, y la falta de capacidad de respuesta?.

Probablemente el Sistema de seguridad carcelaria que apoyamos con tanta fuerza desde la sociedad de manera indiscriminada, debiera considerar algunas propuestas urgentes como, ningún enfermo mental o crónico en la cárcel; que la sanidad penitenciaria pase a ser gestionada en su totalidad desde el Sistema Público de salud, tal como está contemplado, pero no hecho efectivo; que la drogodependencia pase a ser considerada como una enfermedad para ser tratada desde el sistema Público de Salud y no desde los Servicios Sociales; o que casos extremos sean tratados de forma especial con los tratamientos adecuados fuera siempre de las propias cárceles, evidentemente, no preparadas para estos tratamientos.

Muchos pasos habrá que dar y muchos medios hay que comprometer, pero nunca se debe renunciar a actuar y a utilizar los medios y las herramientas más adecuadas para procurar humanización.

martes, 8 de junio de 2010

De talento criminal a espíritu emprendedor

Un programa pionero respaldado por el Injuve e Instituciones Penitenciarias ha logrado sacar a jóvenes delincuentes de la cárcel, ayudándoles a montar sus negocios.

En el diario Público, del 6 de junio de 2010

"No es nada personal, sólo son negocios", repetían los Corleone en El Padrino. Nadie podrá negar que algunos reconocidos criminales tenían un don especial para los negocios. Talento para diseñar operaciones, olfato para detectar beneficios, carácter para coordinar grupos humanos, arrojo para correr riesgos, iniciativa para levantar proyectos, capacidad de negociación... ¿Por qué no utilizar precisamente ese talento natural para reinsertar al condenado? ¿Por qué no reconducir ese espíritu emprendedor en beneficio de todos?

Un programa pionero, puesto en marcha hace poco más de un año en España, está demostrando que es posible. Estafadores, traficantes de drogas y falsificadores al frente de una peluquería para perros, un asador de pollos, un negocio de transporte de toros de lidia, un locutorio, un criadero de lombrices o una empresa de mantenimiento de piscinas.

El sofisticado proyecto Jóvenes, autoempleo y prisión está consiguiendo sacar a ex delincuentes de las cárceles, y de la espiral del crimen, al lograr que sean capaces de montar sus propias empresas. La mejor manera de evitar la frustración del "ya te llamaremos" con el que se rechaza a los ex presidiarios en busca de un empleo. La mejor manera de evitar que vuelvan a las andadas. A lo largo del primer año completo de este máster para reclusos se ha trabajado con 28 internos (de ambos sexos y todas las nacionalidades) con rotundos resultados: 22 han terminado el complejo ciclo de formación (con varios meses de cursos) y elaborado su plan de negocio, y se encuentran ahora en fase de montar su empresa (cuatro ya la han puesto en marcha). Ninguno ha vuelto a delinquir.

"Y eso que el programa es duro, muy duro. Aquí no se viene a llorar, aquí se viene a trabajar", asegura Miguel Ángel Díaz, responsable de coordinar el proyecto desde Instituciones Penitenciarias. No se lo ponen fácil a los presos. Se les carga de responsabilidades y se les hace ver que por primera vez está en su mano salir adelante. En cuanto son aceptados en el programa, pasan al centro penitenciario Victoria Kent, en tercer grado, y sólo tienen que regresar para dormir. De golpe, les dan las riendas de sus vidas.

Bogdan, que llevaba un lustro a la sombra, tiene claros los numerosos beneficios del proyecto. "El secreto está en que no te puedes apuntar al programa", afirma este rumano, uno de los recién licenciados que ahora se halla en plena pista de despegue hacia su propia empresa. En efecto, no entra quien quiere. Todo comienza preseleccionando a los internos que puedan resultar idóneos. Se sirven de toda una red de ojeadores: funcionarios, educadores, psicólogos... que trabajan a diario entre los presos. Su olfato les sirve para detectar quién tiene realmente ese "gen emprendedor" necesario para tener éxito.

El caso de Bogdan, condenado por falsificar tarjetas de crédito, es paradigmático: gracias a sus conocimientos de informática comenzó a colaborar en la emisora de radio que mantienen en el centro penitenciario. En poco tiempo, estaba coordinando los departamentos casi 40 personas para lograr una parrilla interesante durante las 24 horas diarias de emisión.

"Incluso me compré un libro, que costaba 20 euros, sobre motivación de equipos", presume este joven de 31 años, que montará un negocio de coaching, para planificar estrategias que ayuden a las personas a superar sus retos.

Proceso de selección

Después de la preselección, se enfrentan a un duro cásting, que los propios presos recuerdan como una de esas escenas cinematográficas en las que un comité examina al preso para determinar si son aptos para la condicional. "No podemos dejar que se engañen ni que nos engañen. Tienen que mostrar ese gen emprendedor y proponer un negocio viable para ellos; aquí no se viene a poner una macrodiscoteca", precisa Díaz.

Además, para el próximo curso (ya van tres promociones) se va a depurar aún más el proceso, centrado especialmente en los problemas de drogas, ya que los únicos cuatro presos a los que se tuvo que expulsar fue por consumo de estupefacientes.
En cualquier caso, hoy por hoy ya tratan las necesidades y lagunas de cada uno de los presos individualmente (ya sea la informática o la sociabilidad), una de las mayores virtudes del programa.

Antes de la formación financiera, los internos reciben una preparación para la libertad, mediante un taller de herramientas para la vida. "De pronto, se van a encontrar con que el patio de la cárcel es toda la Comunidad de Madrid. Y allí no saben de qué pie cojea cada uno, como en prisión, lo que les expone a volver a cometer un delito", asegura Díaz.

Se organizan encuentros con voluntarios, que además son empresarios de éxito, para ayudarles a socializarse, a hablar con gente normal, de la calle. Una experiencia que aprecian especialmente, porque no sólo les aporta conversación, sino ideas y consejos para sus negocios en ciernes.

Además, reciben clases de inteligencia emocional, para que aprendan a gestionar sus sentimientos y a relacionarse con los demás. "Descubres cómo te ven los demás. Es un buen momento para mirarte al espejo por primera vez", asegura Petronella, Ella, una chica que lleva las finanzas en las venas, hasta el punto de que a menudo tomaba las riendas de las clases de economía.

"Se hacen mayores de pronto; descubren por primera vez que no hay un culpable externo de todo lo que les pasa", resume Díaz, uno de sus tutores. Bogdan, tan expresivo y carismático como un líder de masas, también utiliza la metáfora del paso a la madurez: "Tras el paso por la cárcel, estás acostumbrado a pedirlo todo, como los niños a sus madres. Cada vez que necesito algo, se pone en marcha una maquinaria para ver si me lo dan. Ahora, me lo tengo que currar para conseguirlo", resume.

El trabajo más técnico se lleva a cabo en la Fundación Tomillo, una entidad que se dedica a fomentar el autoempleo entre los sectores más expuestos a la exclusión social. Allí les ayudan a detallar sus planes y les proporcionan conocimientos empresariales que sean suficientes para llevar las riendas de su comercio o de otros venideros.

"Para nosotros es un reto técnico, porque las empresas que nos están planteando estos jóvenes presos son de lo más innovadoras", asegura Malena Francia, coordinadora del programa de Emprendimiento.

"Nuestro reto no es sólo que logren poner en marcha su proyecto, sino que se consolide y mantenga", afirma Francia, una de las responsables de lidiar con la banca para conseguir microcréditos para los negocios.

No hay lugar para la caridad, y menos en los tiempos que corren. Los planes empresariales que preparan concienzudamente los presos, de docenas de páginas, no dejan nada a la improvisación: está todo atado y bien atado. "Primero, nos dan la posibilidad de fallar sobre el papel, para no llevarte un chasco más adelante. Ahora ya tengo todos los números en la cabeza, y cuadran", comenta emocionado Bogdan.

Ganárselo trabajando

No obstante, los créditos sólo cubren una parte de los gastos; el resto lo tienen que poner de sus ahorros, de lo que ganen trabajando en la calle. En la penúltima fase del programa, tras la formación, deben buscar un empleo por cuenta ajena que les prepare para las relaciones profesionales y con el que ganar un sueldo para montar su negocio.

"Me está costando mucho encontrar curro, porque lo mío era la construcción y eso está parado", lamenta Óscar, que a pesar de que lleva más de un año limpio, se encuentra aún con el rechazo del mercado laboral que el programa pretende sortear.

Este proyecto no sólo transforma malhechores en autónomos respetables. Además, en un sólo año, está dejando huella en las cárceles de las que ha salido alguno de los alumnos. Lo atestigua Franco, de la segunda promoción, ex compañero de celda de Bogdan: "Cuando él se fue, me cambió la vida: ya sabía lo que debía hacer. Hizo historia en Valdemoro. Ahora más internos tratan de portarse bien, de mejorar sus resultados en los cursos y los programas", afirma.

El propio Bogdan reconoce un plus de responsabilidad: "Si nosotros lo hacemos bien, el programa seguirá adelante. Hay que lograr que más presos lo consigan".
La intención de la cooperativa Iniciativas, que coordina el proyecto con la ayuda del Injuve y de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, es que a lo largo de 2010 participen 45 nuevos internos. Y exportarlo más allá de Madrid, a otras prisiones.

martes, 2 de febrero de 2010

¿HACEN FALTA PENAS MÁS DURAS?


FÉLIX PANTOJA - PÚBLICO - 29/01/2009

La recientes declaraciones de responsables políticos que reclaman la implantación de la cadena perpetua y una nueva modificación de la ley del menor, llevan una vez mas a que debamos formularnos algunas preguntas con objeto de clarificar y poner sensatez en el debate social, así como ayudar a los ciudadanos a que reflexionen sobre estas cuestiones. A ser posible, lejos de la emoción y el sentimiento que producen crímenes terribles o, más propiamente, la repetición sistemática en los medios del recuerdo de crímenes terribles que llevan a la sociedad a la percepción de que ocurren habitualmente.

Estas preguntas pueden ser: ¿cabe la cadena perpetua en nuestro ordenamiento? ¿Es realmente necesario endurecer aun mas nuestras leyes penales? ¿Qué estamos haciendo con las víctimas?

Con respecto a la primera, la respuesta es rotundamente no, y no sólo porque el artículo 25.2 de la Constitución (CE) establece la reinserción del penado como objetivo, sino porque, como señala el Tribunal Constitucional (TC), la preparación para la vida en libertad a lo largo del cumplimiento de la condena constituye un mínimo innegociable (sentencia 112/96 del TC). Pero no se agotan aquí los argumentos constitucionales: la posibilidad de confinar toda su vida a una persona en una cárcel es un atentado contra la dignidad humana protegida en la Constitución (art. 10), contra la promoción de la igualdad real y efectiva (art. 9.2) y contra la proscripción de tratos inhumanos y degradantes (art. 15).

En cuanto a la segunda pregunta, sólo cabe acudir a las estadísticas y a los datos oficiales. Como pone de relieve un reciente trabajo de la Plataforma Otro Derecho Penal es Posible, España tiene uno de los porcentajes de presos más altos de Europa, habiéndose llegado a cuadruplicar su población penitenciaria en el período 1980-2009. En algo menos de 30 años hemos pasado de tener una población reclusa de 18.583 a 76.771 personas, lo que constituye un dato de por sí revelador y nos sitúa a la cabeza de Europa. Así, la tasa de los países europeos oscilan entre las 63 por 100.000 habitantes de Noruega y las 164 encarceladas que hay en España. Y, sin embargo, la tasa de criminalidad en España es menor que la media de los países europeos. A falta de datos de 2009, en el año 2008 la tasa de delitos por cada 1.000 habitantes fue en España fue de 47,6. La media Europea está en el 70,4. Otros países de nuestro entorno, con sistemas policiales y penales percibidos por la población como más duros, duplican la nuestra o son notoriamente más elevados, como por ejemplo Reino Unido (101,6) o Alemania (76,3). Un último dato en cuanto al endurecimiento de las penas: según datos de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, actualmente –enero de 2010– hay en España 345 personas presas (sin contar las condenadas por delitos de terrorismo) con penas no acumulables superiores a los 30 años; una de ellas tiene una condena de 38.585 días, esto es, casi 106 años. Esto quiere decir que, en la mayoría de los casos, no terminarán de cumplir sus condenas mientras dure su vida, pues a la edad que cada uno tenga, si la media fuera de 40 años de edad, en cuanto la pena sea superior a 35 años la vida en libertad se esfuma como posibilidad. ¿Saben realmente nuestros políticos lo que están diciendo?

Y si nos fijamos en la Ley del Menor, ¿cuántos crímenes terribles han sucedido en estos 10 años de vigencia? Prácticamente los podemos enumerar con los nombres que reciben en la prensa. Causan grave impacto social, pero tampoco llegamos a conocer las dramáticas circunstancias que rodean a sus protagonistas. La realidad es que en los juzgados de menores se produce un alto índice de intervención. Aunque la delincuencia registrada de las personas menores de edad es constantemente inferior al 2% de la de las adultas y de mucha menor gravedad, los juzgados de menores están imponiendo sanciones penales a un número altísimo de menores. Casi el 1% (1.000 de cada 100.000, a efectos de su comparación con las tasas de encarcelamiento de adultos) de personas entre 14 y 18 años reciben cada año una sanción penal por un juzgado de menores. Una tasa muy importante de intervención penal. Y además las sanciones son tan duras que pueden llegar a 10 años de internamiento en centro cerrado por cada delito cometido (obsérvese que esta cifra es mayor que la mitad de de la vida del chico castigado, y que puede cumplirse en un centro penitenciario, con las oportunidades que este ofrece y que tal vez no quisiéramos para un hijo nuestro para el que pediríamos una segunda oportunidad), lo que hace dudar del cumplimiento de los compromisos de España con la Convención de los Derechos del Niño. Y respecto a esa idea de bajar la edad penal a los doce años, ¿tenemos realmente un problema de política criminal con los niños de 12 y 13 años como para rebajar la edad penal? ¿No estaremos tratando de resolver con el derecho penal cuestiones que atañen a la educación de los niños y a su igualdad de oportunidades?

Y por último, en cuanto al tratamiento a las víctimas, el modelo que tenemos en España es el de la cronificación de su dolor, impidiendo la superación del duelo con la creación de asociaciones y la manipulación política o mediática de las mismas, sin que exista una verdadera política social de apoyo material y moral para ayudar a superar ese dolor, extendiendo a la sociedad los legítimos y comprensibles deseos de vindicación del daño sufrido.

Este es el panorama que ofrecen una y otra vez algunos políticos, que, irresponsablemente, siembran la desconfianza y alimentan el espejismo de que con el derecho penal vamos a solucionar problemas que han de encontrar remedio en la educación, la igualdad y en las políticas sociales.

Félix Pantoja es fiscal del Tribunal Supremo.

Lorena Ruiz-Huerta, profesora de Derecho Penitenciario en la Universidad Carlos III Xavi Echevarría, profesor de Derecho Penal en la Universidad de Deusto Julián Ríos, profesor de Derecho Penal en la Universidad P. Comillas José Luis Segovia profesor de Ética Política en la Universidad P. Salamanca Ramón Sáez, magistrado en la Audiencia Nacional Manuel Gallego, profesor de Derecho Penal en la Universidad P. Comillas Miembros de la plataforma Otro Derecho Penal es Posible

Ilustración de Javier Jaén


Si te ha interesado este artículo, te recomendamos que visites la Plataforma "Otro Derecho Penal es posible".

martes, 26 de enero de 2010

Crece el número de reclusos, pero menos



Las cárceles españolas cerraron el año pasado con 76.090 huéspedes. Con respecto al año anterior supone un incremento del 3,3%, el segundo menor de la década. Hay que remontarse a 2005 para encontrar una subida más moderada, el 2,6%. Las celdas de los centros penitenciarios acogían a finales de diciembre a 60.278 reclusos con condena (un 7,6% más en el año anterior) y 15.812 preventivos.

Las cárceles españolas cerraron el año pasado con 76.090 huéspedes. Con respecto al año anterior supone un incremento del 3,3%, el segundo menor de la década. Hay que remontarse a 2005 para encontrar una subida más moderada, el 2,6%. Las celdas de los centros penitenciarios acogían a finales de diciembre a 60.278 reclusos con condena (un 7,6% más en el año anterior) y 15.812 preventivos. Estos últimos, los que esperan entre rejas un juicio o una sentencia, descendieron un 10,2%. Un alivio después de una década en la que el incremento del número de preventivos osciló entre el 3,2% (en 2005) y el 14,4% (en 2002). Según fuentes gubernamentales, este importante descenso, "a falta de realizar un estudio riguroso de los nuevos ingresos" podrían indicar que la delincuencia disminuye, "porque el ingreso preventivo está más cerca del delito" que la condena.

Lo que no ha cambiado en los últimos años es el hit parade de las celdas. Los delitos que más reos arrastran a los centros penitenciarios siguen siendo los relacionados con el tráfico de drogas, los robos y los hurtos. Otro de los aspectos más destacables de 2009 ha sido la contención en el número de presos extranjeros. Frente a los vaticinios de que la crisis complicaría su situación económica, lo que se traduciría en un aumento de la delincuencia, la realidad arroja un resultado bien distinto: en 2007, el número de extranjeros encarcelados aumentó un 10,8%; en 2008, un 15,6% y en 2009, hasta octubre, un 4,7%. Unos incrementos consonantes con los del resto de población privada de libertad y que podría tener que ver con el incremento de las expulsiones de sin papeles reincidentes (ver página anterior).

Las subidas más importantes de 2009 tuvieron que ver, fundamentalmente, con los delitos de más reciente tipificación o cuyo endurecimiento se ha abordado en los últimos años: la violencia de género y la seguridad vial. El año acabó con 3.841 personas que dormían entre rejas por maltrato. Eso es un 46,5% más que en 2008 y supone 1.226 penados que se sumaron a los ya existentes. Pero si se hurga más en la estadística y se amplía el análisis a todos los presos que tienen alguna causa relacionada con la violencia doméstica (no sólo como causa principal), el número llega a 8.725, que son 1.935 más que en 2008, y representan un incremento del 28%.

[...] La población reclusa no ha parado de crecer en la última década, bien es cierto que de forma desigual: el aumento mínimo se registró en 2005 (2,6%) y el máximo, en 2008, con una subida del 9,6%. Desde la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias se explica que los incrementos que se han venido produciendo son fruto de las sucesivas reformas legales. El Código Penal de 1995 eliminó la redención de penas, con lo que la condena efectiva a cumplir se ampliaba. En 2003, se produjo la tipificación de más delitos y se dificultó el acceso al tercer grado. Y después llegó el endurecimiento de las penas por maltrato y por delitos al volante. La saturación de las cárceles es una constante en España, el país de la Unión Europea con una mayor tasa de reclusos (157) por cada 100.000 habitantes. El hacinamiento en los penales se transmite de generación en generación.

Las medidas que han impedido que el sistema se desbordara en los últimos años ha sido, amén de la construcción de nuevas cárceles, la puesta en marcha de medidas alternativas al encierro, como las pulseras de control telemático, los cursos de rehabilitación, los trabajos en beneficio de la comunidad, y, especialmente, los centros de inserción social, establecimientos penitenciarios que albergan a reclusos en tercer grado, los que sólo van a dormir a la cárcel. Esto ha permitido dejar libres celdas que han sido ocupadas por preventivos y otros penados. Actualmente hay seis cárceles en construcción (ver gráfico) y otras cinco proyectadas.

martes, 24 de noviembre de 2009

Jóvenes privados de libertad

El 20 de noviembre, 20º aniversario de la Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño, no es mala fecha para hacer una reflexión sobre los menores más vulnerables, aquellos que han contraído responsabilidades penales, y que habitualmente son olvidados por propios y extraños.


El legislador ordenó (artículo 25.2 de la Constitución) que las penas privativas de libertad y las instituciones que las ejecutan estuviesen orientadas a procurar la reeducación y reinserción social de los condenados. En el caso de los menores de 14 a 20 años de edad, la Ley 5/2000 establecía garantías añadidas, en defensa de los intereses del menor infractor; pero su aplicación fue suspendida hasta febrero de 2007, y en este tiempo reformada cinco veces para endurecerla, y asemejarla al Código Penal de los mayores.


En consecuencia, en agosto de 2009 eran ya 1.717 los menores de 20 años de edad recluidos en las cárceles españolas, a los que sumar 10.053 menores de 25 años. El sistema penitenciario no está en condiciones de cumplir el mandato de reinserción, mantiene una ocupación media del 170%, 76.500 internos sobre una capacidad funcional de 45.000; cubrir las necesidades efectivas del servicio público penitenciario exigirían un incremento inmediato del gasto, mucho más importante que el requerido para mantener a los jóvenes delincuentes en centros de internamiento para menores (CIM), específicos y más adecuados para su tratamiento, separados de los adultos como prevé la ley penitenciaria, incluso, según la personalidad de cada interno, hasta los 25 años de edad.


No hay voluntad política de mejorar las cosas, ni compromiso institucional suficiente; muchos de los CIM transferidos a las autonomías son gestionados por entidades privadas, con objetivos corporativos propios que interfieren a menudo con el interés superior del menor condenado.
Hemos puesto la libertad de nuestros jóvenes en manos privadas.


Publicado en El País por LUIS FERNANDO CRESPO ZORITA - Alcalá de Henares, Madrid - 23/11/2009

viernes, 4 de septiembre de 2009

Hablando de las relaciones de pareja en el Centro Penitenciario de Cuenca




Durante la tercera semana de Junio de 2009, en el Centro Penitenciario de Cuenca, se llevó a cabo la Semana Cultural propuesta por Cristina Yurena González García, alumna de trabajo social que realizaba sus prácticas en la Fundación Atenea-Grupo GID.

Este es su relato de la experiencia:

En esta semana se ha tratado el tema de las relaciones de pareja, basándose en la rotura de mitos existentes en las relaciones de pareja. Mitos que constantemente se esgrimen como argumentos para ejercer o someterse a la violencia contra la mujer. Para ello, se plantearon una serie de actividades donde los propios presos pudierna ser protagonistas.

Para la primera sesión,y con el objetivo de implicarlos en el tema y conocer la imagen que tienen de las mujeres, la actividad consistió en elborar un collage sobre la mujer ideal de cada uno, resaltando las partes importantes para ellos. Para esta sesión les proporcioné revistas, tijeras, pegamento y cartulinas. Resultó una dinámica muy participativa, todos colaboraron de buena gana durante las dos horas en la que se desarrolló. Para mi sorpresa, los collage en general representaban a una mujer natural, nada explosiva -que era lo que yo esperaba-. Eso sí, delgada y con poca ropa, "para lucir la novia ue tengo", según uno de los internos. Tan sólo uno d elos quince asistentes al taller hizo referencia a la sensualidad en la mujer, algo bastante importate a la hora de las relaciones. Al finalizar la elaboración de sus collages, cada uno explicaba su tabajo al resto de compañeros. Quizá el dibujo más extraño fue el de una mujer sin brazos. Cuando le pregunté al interno porque la había diseñado así, respondió que "los brazos, en una mujer, no hacen falta para nada".

Muchos me preguntaron cómo se podían representar los sentimientos, que no sólo querían algo físico, y yo les dije que lo hicieran como quisierna, pero casi ninguno fue capaz de hacer referencia a ello. Para más de uno, se trataba del primer collage que hacía. A excepción de un interno, que pretndió expresar cosas importantes que no se ven, como por ejemplo, que sepa cantar, o que tenga buena voz. este chico lo resolvió componiendo la imagen de una cantante de ópera muy conocida.

Para la segunda sesión, llevamos a cabo una actividad denominada "El Semáforo", que consiste en realizar diferentes afirmaciones a los internos para que se posicionen en un color. El color verde para manifestar que se está completamente de acuerdo, el color amarillo cuando se uda, y el color rojo para expresar desacuerdo con la afirmación. Para mi asombro, debo decir que las personas de más edad, tenían opiniones más apropiadas a los tiempos que vivimos que las personas más jóvenes. Fue una gran sorpresa comproar que la gente joven tenga pensamientos tan machistas y cerrados acerca de las libertades de sus parejas. Los jóvenes caían sistemáticamente en la creencia de todos los mitos sobre las relaciones de pareja que íbamos a desvelar. En esta sesión se tocaron muchos puntos: hicimos referencia a la violencia a la que estaban sometidas nuestras madres o abuelas en el pasado, a la actual violencia de género, a la igualdad de la mujer en el trabajo, a la presencia de la mujer en los centros penitenciarios... Ejemplos de la vida diaria que nos valían y nos conducirán a los mitos sobre las relaciones de pareja que después leeríamos en voz alta. Comenzó un interno leyendo los mitos del amor romántico y los comentamos. Ellos daban por sentado que eso no era así. No asimilaban qué era un mito, no parecían querer entenderlo; aunque escuchaban atentamente y mostraban interés por mis comentarios y por los alguno de sus compañeros. Esta sesión me pareció muy enriquecedora para todos, pues captó el interés de muchos que expresaron que querían seguir leyendo más cosas sobre el tema.

La tercera sesión consistió en un cuentacuentos. Uno de los internos leyó un cuento de Jorge Bucay, Sobre el amor, del libro "Cuentos para pensar", con el que pretendía hacer reflexionar a partir de la historia de amor de una pareja, aparentemente perfecta, pero que refleja los estereotipos de la mujer y del hombre en una relación sentimental. Comportamientos de los que no nos damos cuenta, que damos por sentado que deben ser de una determinada forma.

La cuarta y última actividad se realizó en dos sesiones. Consistió en escenificar un juicio a un marido acusado de matar a su mujer, aunque en el relato de los hechos también existía la posibilidad de que ella se hubiera suicidado. El primer día, una vez leído el relato de los hechos, se repartieron los papeles entre los internos que representarían el juicio al día siguiente. Todos querían participar y tener algún papel, de forma que se distribuyeron los siguientes: juez, acusado, fiscal y sus dos testigos, el abogado de la defensa y sus dos testigos, el médico forense y el resto harían de jurado popular. También se distribuyó información sobre las leyes y procedimientos necesarios para que pudiera celebrarse el juicio, y se les aconsejó que se lo prepararan para la siguiente sesión.

Al día siguiente, realizamos el rol-playing y salió bien, aunque algunos no se lo habían preparado. Ellos fueron los que condujeron el juicio, puesto que conocen por experiencia propia como funcionan. Tratamos la cuestión de los malos tratos y la resovieron con una sentencia de culpable para el acusado. La historia en la que nos habíamos basado para realizar el juicio era un caso real, en el que el tribunal había decalrado inocente al marido, pues la mujer se había suicidado.