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viernes, 24 de julio de 2015

CUANDO SEAS MAYOR LGTB... Entrevista a Federico Armenteros, de la Fundación 26 de diciembre

Te invitamos a escuchar la entrevista a Federico Armenteros, presidente de la Fundación 26 de Diciembre. Te hará reflexionar, seguro.
 
 
"Tenemos una mala noticia: la juventud no dura eternamente. Y seguramente no te has parado a pensar cómo será tu vida cuando llegues a eso que llamamos “la tercera edad”. Nosotros sí y nos hemos dado cuenta de que no hay gente mayor visible. Así que hemos cogido los bártulos y nos hemos plantado en la Fundación 26 de Diciembre, que se dedica a la asistencia de mayores LGTB, para que su presidente, Federico Armenteros, nos hable sobre las necesidades específicas de un colectivo doblemente discriminado: por la edad y su orientación/identidad sexual". (Publicado por http://estoybailando.com)
 
 
 
FEDERICO ARMENTEROS, Presidente de la Fundación 26 de diciembre.

"Lo que aprendí en mi proceso formativo dentro de la Educación Social, que me marcó profundamente, fue el estar atento a las necesidades no cubiertas de la población e ingeniármelas profesionalmente para que desde la participación social se dé cobertura a dichas necesidades.

Estando en este estado de “escucha activa”, me encontraba un buen día descansando en la Playa del Ingles, en las maravillosas Islas Canarias, que te permiten en pleno mes de noviembre disfrutar del sol y el relax reparador, y encontrándome en plena sintonía con la naturaleza, practicando el naturismo, me llamó la atención una persona mayor que en ese momento se adentraba al agua dejando en la orilla su andador.

Estaba solo y no tenía pinta de rendirse antes las adversidades. Está visión me dejó pensativo. Después de conocer que esta persona era un mayor gay alemán, pronto deduje lo importante que es la cultura y la educación para el ser humano y sobre todo como nos condiciona. La cultura nórdica transmite a sus ciudadanos y ciudadanas la idea de la independencia el mayor tiempo posible, mientras que en nuestra cultura se potencia la dependencia.

Esta reflexión me llevo a pensar en nuestros mayores LGTB. Un colectivo invisible y metido en el armario de la ignorancia, personas que han vivido una época de la historia de España complicada, donde regían leyes como la de Vagos y Maleantes, sustituidas después por la de Peligrosidad y Rehabilitación Social. Y es una certeza que estas circunstancias especiales no han sido resarcidas y siguen olvidadas en el sueño de los justos.

Si a esto le sumamos las persecuciones sufridas por parte del Estado, de la Iglesia, que aún sigue en el empeño, y la medicina, experimentando con nosotros para descubrir las causas de nuestra “enfermedad”, la conclusión es desalentadora. Y mientras más profundizaba en estas circunstancias y pensamientos más me empujaba y animaba  a trabajar con este colectivo y poner en marcha una bonita UTOPIA.

Lo comenté con un grupo de amigos Rafa, José, Benja, Conchi, que me apoyaron y animaron desde nuestra primera reunión. Y con mi pareja, Ino, que ha sido mi acompañante ilusionado, ese Sancho Panza tan necesario en toda empresa.

Después se sumaron sin dudarlo personas de reconocido prestigio en activismo social dentro del movimiento LGTB y así se sumo Empar Pineda, una activista enorme y una de las mujeres más destacadas del Movimiento Feminista en España y fundadora del Colectivo de Feministas Lesbianas de Madrid.,  Eduardo Mendicutti, nuestro gran escritor y columnista que insiste en reivindicar la normalización de la diferencia e indagar en la identidad sexual del ser humano y para el que no tenemos palabras, porque siempre ha estado cuando y donde se le necesitaba; y  Joaquín, profesor activista incombustible de la educación, con la primera tutoría LTGB en un Instituto en Rivas-Vaciamadrid.

Con toda esta plantilla y con mucha ilusión nos juntamos el 13 de junio de 2010 en el mítico Café Figueroa  e iniciamos la puesta en marcha de la maquinaria que nos ayudaría a dignificar y dotar de recursos asistenciales a nuestros mayores, y así fue como nació la Fundación 26 de Diciembre. Comenzamos entonces con las gestiones requeridas ante la Consejería de Presidencia, Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid para Registrar la nueva organización. Los tramites fueron rápidos y desde la propia dirección general nos animaron a poner en marcha este singular proyecto, facilitando y colaborando con nosotros en continuo diálogo.

Y por fin, el 25 de octubre de 2010, fuimos registrados y empezamos oficialmente a coordinar todas las acciones necesarias para poner en marcha la primera residencia especializada en personas mayores LGTB, que es, junto a muchas otras acciones, nuestro principal compromiso hacia la dignificación y el cuidado de nuestros mayores LGTB". (http://www.fundacion26d.org/origen/)
 
La Fundación 26 de Diciembre nace en conmemoración al 26 de diciembre de 1978, fecha en la que se modificó la Ley 16/1970 sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social. Dicha ley del código penal español,  aprobada por el régimen franquista el 5 de agosto de 1970 ( y que sustituyó a la antigua Ley de Vagos y Maleantes que pretendía controlar desde 1933 todos los elementos considerados antisociales) incluía a aquellos que practicaban la mendicidad, la homosexualidad, el vandalismo, el tráfico y consumo de drogas, la venta de pornografía, prostitución y proxenetismo, inmigrantes ilegales y a cualquiera que fuera considerado peligroso social por el régimen. Bajo el mandato de esta norma de la dictadura franquista muchos compañeros y compañeras LGTB fueron injustamente apresados, maltratados, perseguidos, vejados, sometidos a tratamientos de choque, tratados como los peores delicuentes y todo esto simplemente por tener una orientación sexual o una identidad sexual o de género diferente a la aceptada por el régimen.
 
Ya en plena transición democrática, la nueva ley 77/1978, de 28 de diciembre de modificación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social y de su Reglamento modificaría en su artículo primero, entre otros, el supuesto tres del artículo segundo de la Ley 16/1970, de 4 de agosto. Ese supuesto tercero del artículo segundo de la ley franquista era el que decía que eran “supuestos del estado peligroso los que realicen actos de homosexualidad”. El cambio legal que trajo consigo la reforma de 1978 supuso un importante respiro para los ciudadanos y ciudadanas españoles y españolas que hasta entonces vivían bajo persecución y represión su orientación sexual o identidad sexual o de género. En definitiva, el dia 26 de diciembre de 1978 fue un importante día para las libertades de todos y de todas nosotras, y también del conjunto de la sociedad española.
 
Los fines de la Fundación 26 de diciembre son:
  • La atención residencial especializada a personas mayores lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (LGTB), preferentemente, por medio de la construcción o adecuación de espacios físicos adaptados a sus necesidades tanto físicas, psicológicas y emocionales como sociales.
  • La obtención, por medio de estudios sociológicos e iniciativas y actividades para la reflexión abiertas a la sociedad en general, una mayor visibilidad del colectivo de Mayores LGTB, hoy día invisible.
  • Construir, buscar y fomentar espacios físicos y sociales, así como actividades, adaptadas y pensadas para el colectivo de Mayores LGTB, que sirvan para el ejercicio de su  tiempo de ocio, viajes y cultura.
  • Velar por el logro de los derechos y dignidad del colectivo de Mayores LGTB dignidad de los Mayores LGTB.
Más información:


 
 
 

domingo, 15 de junio de 2014

CENTRO SOCIAL DE CONVIVENCIA PARA MAYORES. Experiencia de vivienda colaborativa en Torremocha del Jarama (Madrid).

Hoy día 15 de junio de 2014, DÍA MUNDIAL DE LA TOMA DE CONCIENCIA DEL ABUSO Y MALTRATO EN LA VEJEZ, queremos hacernos eco de la iniciativa "TRABENSOL", de la que forma parte nuestra querida amiga MATILDE, de Madrid y que ayer difundía el Periódico El Mundo. Se trata de una interesante experiencia de VIVIENDA COLABORATIVA. Los requisitos: tener entre 50 y 70 años, identificarse con los principios básicos de solidaridad y ayuda mutua, y tener solvencia económica para mantener los pagos.  
 
PARA CONOCER MÁS SOBRE "TRABENSOL", visita su página web:
 
 

 
Gran parte de los jubilados en una foto de grupo. 

Han decidido abordar la etapa final de su vida de un modo satisfactorio. No quieren languidecer pasivamente con una vejez melancólica, ser una carga para sus hijos o ingresar en una residencia de mayores al uso. Pretenden que el ocaso de sus días sea un periodo activo, nutritivo, jovial, de crecimiento humano y bienestar.
Por ello han fabricado su particular paraíso: Trabensol (Trabajadores en Solidaridad), una comunidad de individuos, con diferentes criterios e ideologías, que han invertido los ahorros de toda una vida en un proyecto que les permite convivir bajo una fórmula cooperativa única en nuestro país.
Todo comenzó hace 14 años cuando, un grupo de amigos a punto de jubilarse y con una intensa actividad social a sus espaldas, cayeron en la cuenta de que se estaban haciendo mayores.
«Queríamos alternativas diferentes a las que habían vivido nuestros padres. Tras muchas horas de diálogos y debates, decidimos constituir una cooperativa y levantar un centro de convivencia para mayores en el que pudiéramos vivir una vejez saludable, ser independientes, ayudarnos entre nosotros y organizarnos gracias a comisiones de trabajo que nos hicieran responsables del funcionamiento del colectivo», explica Paloma Rodríguez, presidenta de la cooperativa, que comparte habitación con su vecina de hace 40 años. «Nos quedamos viudas y decidimos emprender esta aventura juntas. Aquí estamos estupendamente. Es fantástico vivir bajos los lazos de la comprensión y el cariño».

Agotadora búsqueda

A partir de ahí comenzó una agotadora búsqueda para encontrar el terreno adecuado en el que realizar el proyecto. «Visitamos muchos lugares y, desgraciadamente, vivimos de cerca lo que se mueve en el negocio inmobiliario, fueron muchos los ayuntamientos que quisieron engañarnos. Finalmente apareció Carlos Rivera, alcalde de Torremocha del Jarama, que nos tendió la mano sin intereses ocultos, pagos ni intermediarios, afirmando que Trabensol iba a aportar al pueblo una riqueza enorme y un gran potencial mental y social», apunta José María García, ex secretario de consistorios.
Al pie de la sierra, en una vega llana y fértil, junto a la orilla del río, se erige el colorido complejo de 16.000 metros cuadrados, construido de forma bioclimática por filtración y geotermia, una energía limpia, renovable y económica, que les permite hasta un 75% de ahorro mensual.
«Está todo muy pensado. Las zonas de acceso de la casa están orientadas al norte y las del alojamiento al sur. Tenemos 25 pozos de 150 metros que hacen que el suelo sea radiante y tenga una temperatura constante de 16 grados. Los canalones de los tejados van a un aljibe que recoge el agua de la lluvia y nos permite regar durante tres meses. Los aislamientos térmicos y acústicos están muy cuidados y las luces exteriores están dirigidas hacia abajo para que no haya contaminación lumínica y podamos ver las estrellas», señala Jaime Moreno, periodista y coordinador de la comisión de comunicación del lugar.

Un hogar, no un geriátrico

Con la férrea intención de edificar un hogar alejado del concepto actual de las residencias de mayores, el complejo, exquisitamente decorado, está preparado para armonizar la cohabitación en común con la vida independiente. Circundando un huerto de 10.000 m2, tranquilos patios y aromáticos jardines, se encuentran las 54 viviendas de los afiliados, 50m2 repartidos entre una cocina americana, un salón, una habitación, un baño geriátrico y una terraza. «Mi anterior casa tenía el doble de metros, estaba harta de trabajar tanto en ella. Esta es muy apañada, cubre todas mis necesidades», afirma María Dolores Hernández, ex enfermera. Su amiga Luisa Llorena, ex dinamizadora social, dice:«Quería llegar aquí como una libélula, ligera de equipaje. Mi marido y yo hemos traído sólo los muebles que han cabido, ha sido un ejercicio de liberación de apegos del pasado. Ahora, nuestra vida cabe en 50 m2», sonríe.
 
El lugar cuenta con un amplio abanico de zonas comunes en las que disfrutar del momento: biblioteca, hemeroteca, gimnasio, un mini spa de baños terapéuticos, salas de reiki, de acupuntura, de música, de pintura o de edición de video, un claustro zen para pasear cuando hace mal tiempo, un habitáculo con juguetes para que los nietos gocen con los abuelos, salones de reunión para celebrar fiestas o el salón del silencio. «Aquí hay gente que es religiosa y hemos considerado que era necesario crear un espacio común y polivalente para meditar, rezar o practicar yoga. En Berlín van a hacer un centro donde diferentes religiones van a compartir techo, nosotros ya lo estamos haciendo», señala Jaime.
 
Mayores de alma joven
 
Como bien apunta Pepa Salamanca, ex auxiliar de clínica, «en Trabensol el mayor valor, sin duda, es el potencial humano». La convivencia entre los residentes, en su mayoría gente muy preparada, es plenamente activa y cada uno pone a disposición de la comunidad su experiencia profesional. «Vivimos en un clima de tolerancia y ayuda mutua», cuenta María Dolores. «Tenemos talleres de danzas del mundo, Ikebana, vidriado, costura, pintura, Chi Kung o bricolaje y hacemos nuestra propia gaceta informativa interna». Carmela Paz, ex administrativa del Instituto Cervantes asiente: «Es un lugar agradable para vivir. Conoces gente fantástica y haces cosas que te mantienen activa física y mentalmente. Además el entorno es fantástico, mientras que en Madrid te desplazabas a los barrios, aquí te desplazas a los pueblos». José María apostilla: «¡No paramos, cada día hay algo nuevo! Estamos en una adolescencia de la vejez. Mis hijas nos dicen que estamos haciendo la comuna que no pudimos en los 60», bromea.
En la comida todos colaboran en los quehaceres del inmenso comedor que tiene como chef a Mina Tartili, miembro de la asociación Ananda. «Trabajar aquí es gratificante. El ambiente es increíble, hacen todo lo posible por mantener un clima de alegría y solidaridad. Son mayores de alma joven, sabias y con una conciencia social que engancha».
¿Y si llegan momentos de dificultad física o de enfermedad? Jaime explica que están preparados para todo lo que venga. «Hay vigilancia las 24 horas. El complejo está habilitado para personas con movilidad reducida. En cada pasillo hay varios baños, por si hay urgencias, en cada esquina un ascensor con el tamaño suficiente para una silla de ruedas y tenemos un ala, especialmente habilitada, para personas que necesiten cuidados médicos específicos. Queremos pasar nuestros últimos días aquí de la mejor forma posible».

Un CoHousing español con lista de espera

Este sistema de vivienda colaborativa, diseñado y gobernado por los propios residentes, nació en Dinamarca, a finales de los años 60, y se extendió a Norte América, a finales de los 80, bajo la pretensión de volver al sentido de comunidad primigenio de los barrios de antaño. "Trabensol ha sorprendido mucho en Europa. Nosotros informamos, con toda libertad, a quienes nos preguntan sobre cómo hemos llegado hasta aquí, pero lo imprescindible es que haya un núcleo humano suficientemente fuerte y comprometido para poder llevar algo así a cabo.", explica Moreno. Son tantos los interesados en esta particular forma de vida que ya cuentan con una nutrida lista de espera. ¿Los requisitos? Tener entre 50 y 70 años, identificarse con los principios básicos de solidaridad y ayuda mutua, y tener solvencia económica para mantener los pagos: una inversión inicial de 154.000 y hasta 1100 al mes. "Incluye alojamiento, lavandería, limpieza y la comida del medio día. Somos de una generación en la que se compraban pisos porque no había casi alquileres. Los hemos vendido para poder afrontar el coste del proyecto. Tenemos una acción pero la propiedad es de la cooperativa. Quien decida marcharse recupera el dinero, al valor que tenga en ese momento, y morimos lo recuperan nuestros herederos, que también pueden, si cumplen los requisitos y quieren, venir a vivir aquí."

sábado, 27 de abril de 2013

Alumnas en prácticas de la Facultad de Trabajo Social de Cuenca detectan falta de concienciación sobre la donación de órganos en las personas de edad más avanzada

Publicado el 25/04/2013 en Voces de Cuenca.es

 
Desde el día 28 de marzo al 26 de Abril de este año, se ha desarrollado en la provincia una serie de talleres destinados a concienciar a las personas mayores sobre la importancia de la donación de órganos por parte de este colectivo

Taller en "Residencia La Luz".


Desde la Asociación para la lucha contra las enfermedades renales (ALCER Cuenca) y como parte del proyecto desarrollado por dos alumnas en prácticas de la Facultad de Trabajo Social de Cuenca se diagnosticó una falta de concienciación sobre la donación de órganos en las personas de edad más avanzada. Con ello, se eligieron varias residencias y centros de mayores para hacer partícipes a sus usuarios de esta problemática. Los centros colaboradores han sido: Residencia “La Luz”, Residencia “Villa Román”, Residencia “Sagrado Corazón” y Centro de Mayores “Dos Ríos” en Cuenca, “Amma el Pinar” en Chillarón y Residencia Tercera Edad de Motilla del Palancar. Será en esta última en la que finalice el proyecto.

En los talleres realizados hasta el momento se ha detectado como las personas mayores tienen falsos mitos en cuanto a la donación y no son conscientes que las personas que están en lista de espera para recibir un órgano son de su misma edad. Se han sorprendido al descubrir que donar no tiene edad, sino que la validez de un órgano para el trasplante depende únicamente de criterios médicos. En los últimos años ha aumentado la edad media de los donantes, por lo que es necesario informar al colectivo de personas mayores para que llegado el momento digan sí a la donación.

El contenido de los talleres ha sido orientado hacia la importancia de la donación como un acto voluntario, altruista y solidario; se ha contado con entrevistas realizadas a pacientes en tratamiento de hemodiálisis en la Clínica Asyter de Cuenca, en las que han relatado su experiencia y lo que supondría para ellos recibir un riñón, debido a que el trasplante es la única cura para esta enfermedad. Transmitir estas experiencias en primera persona ha sido clave para conseguir el objetivo planteado.
ALCER Cuenca agradece la buena predisposición de las entidades a las que se les ha solicitado su colaboración, así como a todos los usuarios y trabajadores que han participado en los talleres.

domingo, 8 de julio de 2012

Una trabajadora social en el Instituto de Biomecánica de Valencia


Aprovechando la visita realizada por miembros de La Ciudad Accesible al Instituto de Biomecánica de Valencia (IBV) con motivo del viaje fin de Máster de Accesibilidad Universal y Diseño para Todos de la Universidad de Jaén, entrevistamos a Rakel Poveda Puente, Directora de Personas Mayores y Atención a la Dependencia del IBV, Trabajadora Social y Máster en Intervención Individual, Familiar y Social,
¿Desde cuándo llevas en el IBV?
Estoy aquí desde 1993, fecha en la que entré como becaria de investigación. El IBV desde sus inicios cuenta con equipos multidisciplinares, donde se han ido incorporando conocimientos desde la ingeniería, la medicina y las ciencias sociales que han permitido abordar la innovación como un proceso global.
El trabajo multidisciplinar se ha ido consolidando con el paso de los años, actualmente hay mucha conexión y se trabaja 'codo con codo'. En el IBV trabajamos alrededor de 240 profesionales entre los que figuran ingenieros de telecomunicaciones, ingenieros industriales, arquitectos, trabajadores sociales, médicos, sociólogos, etc. Durante los últimos años se ha ido produciendo una evolución en la forma de enfocar las investigaciones avanzando desde una perspectiva holística, que ha enriquecido nuestra forma de trabajar permitiendo que los resultados obtenidos tengan un mayor impacto en todos los sectores.
¿Que supone para ti trabajar en el IBV?
Gracias al IBV me he formado como profesional y he crecido como persona. Siempre ha sido un reto profesional, al principio me resultaba un poco complicado "moverme" entre perfiles tan técnicos a los que no estaba acostumbrada, se entendían los equipos multidisciplinares pero dentro de los mismos campos del conocimiento de cada uno de los grupos, o sea, técnicos con técnicos y social con social, pero al poco tiempo resultó muy cómodo y gratificante trabajar con disciplinas que te aportan una visión, un conocimiento y una forma de trabajar complementarios.
Todavía hay gente que se sorprende de que en un centro como el IBV se dé tanto peso al conocimiento social y cuando descubren que soy trabajadora social en lugar de ingeniera, se sorprenden.
La ventaja de este modo de trabajar es que todos nos enriquecemos mutuamente y aportamos conocimientos de diferentes disciplinas. En los grupos de trabajo todo el equipo toma parte, desde los ensayos con el usuario hasta las pruebas de prototipos y ajustes finales de los diseños. Supone un esfuerzo mayor pero la recompensa y los resultados también son más enriquecedores.
Igualmente, la forma de trabajar contando con la información que nos facilitan los mismos usuarios que luego utilizarán los productos y servicios que diseñamos, resulta muy gratificante ya que trabajamos sobre una base real y no sobre aproximaciones, garantizando que se tienen en cuenta las características, necesidades y preferencias de las personas.
¿Qué hace un director de ámbito de personas mayores? ¿En tu caso la investigación ha pasado a un segundo plano?
Un director de ámbito coordina los proyectos asociados a su campo, participa en las investigaciones y además trabaja en la captación de clientes y proyectos para el centro tecnológico y su área. De este modo, no se pierde nunca la relación con la investigación. Si esto ocurriera, perderíamos nuestra razón de ser como instituto y como investigadores que somos.
Uno de los principios de IBV es el trabajo con el usuario desde el primer momento, ¿qué supone esto para las personas que trabajan aquí?
Nuestra base es el diseño centrado en el usuario. Si diseñamos para personas, estas deben estar implicadas en el proceso de diseño. El usuario en nuestro trabajo siempre aparece bien como co-diseñador, bien como comunicador, como validador o como generador de ideas, o bien en todos los procesos. Desde el IBV destacamos de modo sustancial la importancia de lo social y del trabajo con el usuario final.
Llevas mucho tiempo dedicada a la investigación, ¿qué aconsejarías a las personas que quiere trabajar en este campo en los tiempos que corren donde tan poco se apuesta por la investigación?
Mi consejo es que no se centren solo en investigación básica, sino que también apuesten por la investigación aplicada, que busquen el impacto social de su estudio y para qué puede servir. La innovación y la investigación tienen que dar respuestas a necesidades reales, esto que ya se tiene claro desde hace algunos años toma mucha más importancia en la situación actual.
Es importante también que sus investigaciones contrasten con otras disciplinas ya que pueden enriquecerse mutuamente.
Asimismo, una cuestión fundamental es hacer un plan de comunicación que nos permita transmitir la importancia de los resultados obtenidos a las empresas y a la sociedad, dar a conocer lo que hacemos para despertar también el interés empresarial y social.

viernes, 30 de marzo de 2012

Con una pensión comen todos

Publicado por El País de 24/03/2012

Volver a la casa de los padres no es solo un paso atrás en el proyecto vital de cualquier persona. Supone también un foco de conflictos que puede incendiar la convivencia familiar y convertirse en el germen de un sinfín de problemas. Hace cinco años, al comienzo de esta crisis que parece no tener fin, solo el 6% de los hogares sustentados por un mayor de 65 años tenían a todos sus miembros en paro. Este porcentaje se disparó en 2011 por encima del 18%. Hoy, más de 300.000 familias españolas en las que no trabaja nadie conviven con un jubilado.
No es solo cuestión de la fría estadística. Los que día a día tienen que lidiar con esta realidad en la calle confirman los datos. “Veo casos en los que una pensión ínfima que antes se destinaba solo a las necesidades del mayor tiene que alimentar ahora a una familia numerosa. El problema, además, no es solo económico. A la situación de los ancianos se unen los conflictos de los hijos. Peleas, inadaptación de los más pequeños, malos tratos... Es una cadena que se viene abajo cuando cae la estructura más sólida, que era el núcleo familiar”, explica Teresa Vinós. Esta trabajadora social de Zaragoza reconoce que por primera vez en sus 25 años de carrera se encuentra situaciones que no sabe cómo afrontar. “Esta es ya la tercera crisis que vivo. Pero nunca me había enfrentado a casos tan extremos”, añade.


Emilia Escudero es una de las mujeres con las que Vinós trata a diario. Tras quedar viuda y con muchos esfuerzos, sacó adelante ella sola a sus 13 hijos. Cuando ya había logrado una relativa tranquilidad y tiempo para descansar, hasta cuatro hijos volvieron con cuentagotas por culpa de la burbuja inmobiliaria. Todos los varones trabajaban como albañiles, y ahora tiene que dar de comer a tres con su pensión de 600 euros. ¿Cómo lo hace? “Pues comprando lo más barato y si sobra pan un día, lo pongo al día siguiente”, responde con lógica aplastante.
Miguel Laparra, profesor de Política Social en la Universidad de Navarra, se declara sorprendido por las diferencias que él y su equipo han constatado sobre el impacto de la crisis en los hogares con ancianos y sin ellos. “La tendencia a vivir con el abuelo es mayor donde la situación es más precaria. La estrategia de supervivencia consiste en aferrarse a ellos”, dice. Así, las pensiones suponen no solo una forma de garantizar unos mínimos estándares de vida a los más ancianos, sino que se convierten en una especie de cemento con el que asegurar la cohesión social.

“La familia tradicional está siendo capaz de soportar los demoledores efectos de la crisis sobre cientos de miles, millones de españoles. Pero a costa del extraordinario sufrimiento de una generación que alimentó sus sueños de progreso poniendo sus esperanzas más en sus hijos que en ellos mismos. A las penurias económicas hay que añadir el sufrimiento que representa la frustración de ver regresar a sus hijos derrotados y con un futuro más que incierto y menos prometedor que el que ellos mismos tuvieron”, asegura Gustavo García, director del albergue de transeúntes de Zaragoza y miembro de la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales. “Ahora estoy más nerviosa que cuando estaba sola. Tengo que volver a la carga. A hacer la compra, lavar, planchar...”, se lamenta Escudero.

Pero el sufrimiento no viene solo de parte de los padres, que ven cómo sus hijos pierden lo que tanto les había costado. Los que vuelven a casa —o que aunque no vuelvan dependen del dinero que les pasan sus progenitores— viven como una humillación dormir de nuevo, cuando ya han pasado los 30, en la habitación que ocuparon de adolescentes. En muchas ocasiones, además, llevan sus propios hijos al hogar paterno. “Es un pequeño trauma. La convivencia es buena, pero al haber tan poco dinero, cuando llega la factura de la luz o el agua, se nota la tensión en casa. Y a veces surge alguna discusión”, asegura José Miguel, el hijo de 28 años de Emilia, que volvió con su madre hace un año y medio. Las fases por las que pasan los que sufren esta situación se parecen a las de los enfermos de ciertas enfermedades. Primero viene la negación. Luego la vergüenza. La ostentación se había convertido en un síntoma de bienestar y si eso se viene abajo, es un fracaso para ambos, padres e hijos.

Alfonso Novales, catedrático de Análisis Económico de la Universidad Complutense, detecta una tendencia muy peligrosa: “En España no hay pobreza absoluta. Pero está aumentando mucho la relativa y la desigualdad social. Y eso es muy grave, porque tiene efectos negativos en indicadores relacionados con la educación y la sanidad”. El reparto entre toda la familia de una exigua pensión logra evitar situaciones de exclusión, pero hace que la pobreza relativa se extienda como una mancha de aceite, afectando a todos los miembros del hogar.

Vinós señala, además, un efecto indeseado del retorno de los hijos al hogar. “Me he encontrado situaciones en las que, encima de tener que volver a mantener al hijo, al jubilado se le retira alguna ayuda que tenía por convivir con alguien que no sea dependiente. Y es muy habitual los que tienen que pagar la hipoteca del hijo, porque le avalaron y si no, se quedan todos sin casa”, explica esta trabajadora social, que pone un ejemplo muy gráfico de cómo han aumentado las situaciones precarias con la crisis: “En mi centro antes llevábamos unas 50 rentas básicas de inserción, ahora más de 200”.

Esa es la cuestión. Cuánto se podrá estirar la solidaridad familiar sin que se funda algún plomo. “Me pregunto cuánto tiempo van a poder nuestros mayores suplir las carencias en protección social del Estado. Porque el día que ellos fallen, y resulta difícil imaginar que puedan seguir soportando mucho más esta situación, estaremos al borde del precipicio, pero ya sin red”, concluye Gustavo García.

Cuanto peor, mejor para el jubilado

La crisis tiene un curioso efecto estadístico sobre la posición que los jubilados ocupan en el escalafón social. Cuando las cosas van bien, ellos lo pasan algo peor. Y cuando el desempleo arrecia y la sociedad en su conjunto se empobrece, los ancianos aguantan mejor el chaparrón. “No tanto porque hayan mejorado sus pensiones, sino porque su posición relativa mejora ante el desgaste del resto de indicadores”, señala el catedrático Miguel Laparra.
Este efecto se hace muy evidente al comparar las tasas de riesgo de pobreza de los mayores de 65 años y del conjunto de la población. Si en plena expansión económica más del 30% de los ancianos sufrían riesgo de pobreza —término que equivale a tener unos ingresos que no lleguen al 60% de la mediana de la renta nacional disponible—, este porcentaje cayó el año pasado por debajo del 22%. 2011 fue, además, la primera ocasión en los últimos años en los que los mayores de 65 años tenían un riesgo de pobreza menor que la población tomada en su conjunto. Este desfase habla por sí solo del daño que cinco años de crisis ha hecho en el bienestar de los españoles.

José Manuel Ramírez, presidente de la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales, se fija también en los perjuicios que está sufriendo el sector de las residencias sociales. “Muchas familias sacan a los mayores de las residencias y asumen ellos el cuidado. Por primera vez está cayendo el número de plazas en los centros, que es un sector que crea mucho empleo, sobre todo entre las mujeres. Por cada dos personas en la residencia, tenemos un trabajador. Corremos el riesgo de generar una especie de economía sumergida con el cuidado de los mayores”, asegura.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Los yayoflautas: un grupo de personas mayores que luchan por nuestros derechos



Publicado en el diariodesevilla.com del 1/02/2012

Un antiguo sindicalista de CCOO, ex trabajadores de metro y autobuses de Barcelona y vecinos de varios barrios han compuesto una amalgama diversa de una treintena de personas mayores que han irrumpido en un autobús de la ciudad condal para protestar por el aumento de tarifas del transporte público.

Son los yayoflautas, como ellos se autodenominan, un colectivo de personas que lucharon en su juventud por conseguir no sólo la libertad, en general, sino también por la más pequeña mejora urbanística o social para sus barrios.

Tras muchos años y ante una crisis y unos recortes "que nos afectan como a nadie", han decidido recuperar ese espíritu luchador y reivindicativo y lanzarse, literalmente, a la calle para dar a conocer su protesta. El día gris, frío y lluvioso no acompañaba en Barcelona para pasear y menos para manifestarse, por lo que los yayoflautas han optado por tomar el autobús de la línea 47, que comunica el centro de la ciudad con el distrito de Nou Barris, y expresar a todos los que subían y bajaban del mismo que no, que no están nada de acuerdo con que se suba el precio de los billetes.

Con silbatos y coreando lemas en contra de los recortes en sanidad y del aumento de las tarifas del transporte público, los participantes en la protesta han recorrido ruidosamente con el 47 toda la línea en ambos sentidos y a lo largo y ancho han recogido apoyos y buenas palabras de los otros usuarios del autobús.

Bien abrigados y ataviados con un chaleco reflectante en el que habían escrito lemas reivindicativos, Juan, un veterano sindicalista de CCOO, del sector de la construcción, y su mujer han participado también en esta protesta, como hicieron hace unos meses con otra en el hospital Vall d'Hebron en contra del cierre de algunos de los servicios ambulatorios.

"No estamos para muchos trotes pero, hasta donde podamos, continuaremos con las protestas", ha asegurado Juan, que acompañó hace muchos años a esta periodista en una visita de obras durante la construcción de la Villa Olímpica, cuando aún era sindicalista y explicaba orgulloso como se evitaban accidentes laborales "a pie de obra y coordinados con arquitectos,¿te acuerdas?".

"Hoy toca los autobuses, el próximo mes ya veremos dónde vamos a protestar", avanza Juan, que anuncia nuevas acciones de los 'yayoflautas' barceloneses, que se coordinan en los diferentes barrios desde hace meses a través del movimiento del 15-M.

Lo que no se puede negar es que las redes sociales han recogido la acción reivindicativa y los yayos han salido en Twitter y en otros medios, por lo que no han dudado en calificarla de "éxito".

Tras bajar del autobús y celebrar una pequeña asamblea en la plaza de Catalunya, 'sede' geográfica y simbólica del 15M en Barcelona, los 'yayos' han expresado su apoyo al juez Baltasar Garzón y han denunciado el cierre de ambulatorios por las noches y los aumentos de precios del transporte público.

Una bandera republicana y otras pancartas con lemas en los que se podía leer "Iaioflautas. Luchamos y lucharemos", "Sí a la Memoria Histórica", "No a las privatizaciones. Contra la corrupción y la especulación" han arropado a estos personas que se niegan a dejar de expresar su descontento con las medidas de recortes del gobierno catalán.

Sólo una pega a toda esta acción: los escasos participantes, y es que "a ciertas edades, el que no cojea, renquea".

Reportaje de TV en diariode@cuatro.com:



viernes, 30 de septiembre de 2011

Concurso fotográfico "Las oportunidades de la edad: Mujeres sabias"


"Diosa hindú"
de Julia Bonanni
 
Bajo el título "Las oportunidades de la edad: Mujeres sabias", el Instituto de la Mujer ha organizado un concurso fotográfico. Reproducimos aquí algunas de las fotos e historias que nos han emocionado.

"La Pinturitas 2"
de David Martínez 

A Marian se la conoce como "La Pinturitas" de Arguedas, municipio en el que realiza su arte en una casa abandonada al pie de la carretera. Algunos la tachan de loca, pero realmente "son los locos los que abren el camino que luego recorreran los sabios..." Una mujer apasionante que te explica su arte disfrutando de todos los pensamientos que le han llevado a él.


 "Con nocturnidad y alevosía"
de Francisco García
 
Todas las noches de verano, cerca de las doce de la noche y para mitigar el calor de esta tierra de Granada en verano, esta señora se sentaba en un banco junto a una farola de la plazuela que hay delante de mi balcón y se ponía a leer durante un buen rato. A mi me enterneció bastante la escena y decidí inmortalizarla y ahora la comparto con vosotros.


"Llamada sorpresa"
de Blanca Morales
Esta señora tiene un hijo en el extranjero al que hace varios años que no ve . Me había pedido que le hiciera unas fotos para enviárselas. Fuimos al parque y allí hicimos unas cuantas y cuando prácticamente estábamos saliendo para irnos a casa recibió una llamada inesperada de ese hijo ,así es que no lo dudé ,aproveché ese momento mágico en el que ella estaba tan emocionada y este es el resultado.

viernes, 2 de septiembre de 2011

La creación de plazas geriátricas ha sufrido un frenazo severo

Entre 2009 y 2010 el incremento fue cuatro puntos menor que años atrás


Publicado por CARMEN MORÁN en El País del 08/08/2011



En pleno desarrollo de la Ley de Dependencia, cuando miles de ciudadanos querrían una plaza en un geriátrico, el incremento del número de camas ha sufrido un severo freno. De 2005 a 2008, la cifra de plazas residenciales venía subiendo cada año alrededor del un 5%, pero de 2009 a 2010 solo creció un 1,6%. En total hay 354.955 plazas en toda España, sumadas públicas y privadas. Y no todas están ocupadas. Los datos son de un estudio elaborado por la empresa DBK, especializada en estos análisis sectoriales.



Las grandes empresas del ramo están sufriendo un verdadero ahogo. A una planificación desaforada y sin criterios oportunos se ha sumado la crisis. Las administraciones están sin fondos para establecer conciertos que puedan satisfacer el gasto que requieren esas plazas. La peor parte se la esta llevando el sector privado. Y eso que el aumento en la dotación de las plazas privadas se debe sobre todo a la concertación, que se incrementó en un 8,5%, lo que contrasta con el descenso del 1,7% contabilizado en la dotación de plazas privadas puras, según el estudio de DBK.



"Antes, de cada 100 abuelos que salían del hospital, 20 entraban en residencias, ahora apenas un 5%", asegura el presidente de Vitalia Home, José María Cosculluela. Eso, cuando no ocurre lo contrario, es decir, familias que sacan a los suyos de las residencias porque así se ahorran pagarlas y, de paso, pueden contar con la pensión del abuelo o con una paga para cuidar al dependiente. El Gobierno quiso poner freno a esta tendencia y advirtió que no se podía sustituir una plaza concedida en una residencia por un ayuda económica sin una justificación adecuada. Fue en 2009. Cuando el paro deja a las personas en casa es factible que estas se encarguen de los ancianos.



La tendencia a la baja en el incremento anual del número de plazas tiene que ver también con la reconversión del sector. Porque a pesar de que se consolidan progresivamente los grandes grupos empresariales, "la oferta continua integrada fundamentalmente por pequeñas empresas que gestionan uno o dos centros de reducida dimensión y de ámbito local", se explica en el estudio de DBK. Y muchas de esas pequeñas empresas no se adaptan a los nuevos requisitos, o no podrán adaptarse nunca. Por tanto, irán desapareciendo o bien renovando sus instalaciones para poder recibir dinero público a cambio del ingreso de ancianos.



Así, entre las privadas, algunas comunidades han perdido varias residencias, por ejemplo seis menos en Madrid, cinco en Cataluña, cuatro en Castilla y León o tres en Andalucía. Todo ello entre 2009 y 2010. Lo que no quiere decir que, a cambio no se hayan construido otras.



Pero el número total de plazas residenciales ha de ponerse en relación con la población mayor de 65 años. De esta manera se aprecia qué comunidades están más necesitadas. Murcia, Canarias y Andalucía son las que menos plazas tienen por cada 100 personas mayores de 65 años, según un estudio del CSIC para el Imserso basado en encuestas. Y en Canarias se siguen perdiendo, un 0,6 en ese periodo. Andalucía solo ha ganado un 0,5%. Murcia, sin embargo, ha incrementado el número de plazas entre 2009 y 2010 en un 10,8%. Valencia, que también está por debajo de la media nacional en el número de plazas residenciales tampoco ha creado muchas, apenas un 0,7% en ese periodo.



Madrid, por ejemplo, ha perdido un 0,1%, pero esta comunidad está por encima de la media en la relación entre plazas y personas mayores de 65. Más alta aún es la tasa de La Rioja, así que la pérdida de camas en geriátricos que sufre esta comunidad no es tan reseñable.



Los datos oficiales sobre residencias que debía haber presentado el Gobierno el año pasado y que aún no se han hecho públicos impiden una planificación del sector basada en referencias exactas, es decir, dónde y cómo construir. Y este no es un asunto menor, dada la envejecida población española y las derivaciones sobre el empleo que tiene este sector.



La ocupación de plazas residenciales es uno de los principales motores de empleo de todas las ayudas que se prestan por la Ley de Dependencia. Y permite, además, que las personas que cuidan ancianos, mujeres en su mayoría, dispongan del tiempo suficiente para buscar también en el mercado laboral.



miércoles, 26 de enero de 2011

Uno de cada cinco jubilados está en riesgo de pobreza relativa

Informa EAPN de Castilla-La Mancha, 25/01/2011


España es uno de los países europeos con mayor porcentaje de pensionistas en riesgo de pobreza relativa, un 19,3%, sólo por detrás de siete de los otros 26 Estados que componen la UE -Letonia, Chipre, Estonia, Bulgaria, Lituania, Reino Unido y Finlandia-, según un informe de los Técnicos del Ministerio de Hacienda (GESTHA) hecho público con motivo de la reforma del sistema de pensiones.


Sin embargo, se da la circunstancia de que los jubilados del Reino Unido y Finlandia cobran mayores pensiones que los españoles. Así, la pensión contributiva media española representa el 63% de la pensión media de la UE-15, frente al 92 y 93% de los jubilados británicos y finlandeses, respectivamente.Además, los Técnicos recuerdan que las pensiones en nuestro país son "reducidas", hasta el punto de que un 77% de los pensionistas españoles no llega siquiera a ser 'mileurista', a lo que hay que añadir una pérdida de poder adquisitivo superior a la de la mayoría de países europeos más desarrollados.


En este sentido, Gestha señala que la relación de ingresos de los jubilados españoles respecto a los de aquellos menores de 65 años se encuentra por debajo de la media europea. Concretamente, la pensión de un jubilado español representa el 49% de los ingresos medios que cobran los españoles de entre 50 y 59 años.

Menor gasto en pensiones que la media europea

Por otro lado, los Técnicos de Hacienda recuerdan que el gasto en pensiones de España en proporción a su Producto Interior Bruto (PIB) es de los menores de la UE-15. Concretamente, este gasto se situó en el 8,9% durante el ejercicio 2010, frente al 10,2% de media en la UE-27.

Además, y según las estimaciones publicadas por la Comisión Europea la pasada semana, el gasto español en pensiones continuará en niveles inferiores a los de la Europa de los 27 durante al menos dos décadas más.
Mejoras en materia de pensiones

Ante esta situación, los Técnicos de Hacienda valoran positivamente el esfuerzo que los diversos gobiernos españoles vienen realizando en estos últimos años para aumentar la pensión media de jubilación, así como para mejorar al resto de pensiones contributivas.

A lo largo de los diez últimos años, la pensión contributiva media se elevó en casi un 60%, hasta alcanzar los 785,83 euros mensuales, con un repunte especialmente pronunciado en el caso de las prestaciones a favor de familiares (+76%), viudedad (+65%) y jubilación (+58%).Sin embargo, el colectivo considera que la negociación y aprobación de la próxima reforma de las pensiones debe realizarse "sin prisas" y respetando la concertación social y el pacto de Estado que existe acualmente en torno a esta materia. "La necesidad de quitar incertidumbre a los inversores de los mercados financieros y reducir el diferencial de la prima de riesgo de la deuda pública no justifica lo contrario", subrayan desde Gestha.

Alternativas para garantizar la viabilidad de las pensiones.

Los Técnicos de Hacienda proponen diversas alternativas para mantener la viabilidad y sostenibilidad del sistema público de pensiones, entre las que destacan la creación de un sistema mixto de financiación, la mejora de la eficiencia en la recaudación tributaria a través de la lucha contra las grandes bolsas de fraude o el desarrollo de incentivos para alargar voluntariamente la edad de jubilación.

En primer lugar, Gestha recomienda introducir una parte de la recaudación de impuestos en el sistema de pensiones, además de las cotizaciones sociales. A su juicio, esta medida permitiría financiar con impuestos casi 5.400 millones de costes administrativos de gestión anual de la Seguridad Social.

En segundo lugar, los Técnicos abogan por mejorar la eficiencia del gasto público y la reducción de la economía sumergida, especialmente en la lucha contra el fraude laboral, con el fin de atajar el endeudamiento de las Administraciones Públicas y aliviar las tensiones en el coste de la deuda pública.

Para Gestha, el Ministerio de Economía y Hacienda "debería convertir la lucha contra la economía sumergida en una prioridad, en lugar de exigir sacrificios a los trabajadores y pensionistas", puesto que "el verdadero lastre de las cuentas públicas es la evasión fiscal de más de 88.000 millones de euros cada año ".

Convergencia de la edad legal y real de jubilación

Entre los años 1991 y 2008, la tasa de supervivencia de los españoles mayores de 65 años se incrementó en 2,4 años, situación que, a juicio de los Técnicos, "no justifica por sí misma la necesidad de aumentar la edad real de jubilación hasta los 67 años".En su lugar, el colectivo aboga por acomodar en esos dos años la edad real de 63,27 años a la edad legal de jubilación.

Para lograrlo, Gestha propone articular incentivos para el alargamiento voluntario la edad de jubilación, limitar las reducciones de plantilla en las empresas con beneficios y disminuir los coeficientes reductores para la jubilación anticipada.

viernes, 26 de noviembre de 2010

La Ciudad del Mayor - Trabajo Social con mayores (Paseo 10)



En este paseo hablamos de la figura del Trabajor Social y de su labor en el ámbito de las personas mayores: ¿en qué consiste su trabajo? ¿qué problemas se encuentran? ¿dónde podemos encontrarlos? ¿en qué ámbitos de asistencia trabajan?

INVITADOS:
Dña. Ana Isabel de Lima (Presidenta Consejo General del Trabajo Social)
Dña. Neyi Francisco (Jefe de Sección de Trabajo Social del Hospital Pta. Hierro)
D. Francesc Lorente (TS y Director R. CARE Moraleja).


El programa de TV “La Ciudad del Mayor” es la primera apuesta de producción continuada de MundoMayor TV.

Se trata de un programa en el que se abordan temáticas de interés general para el sector senior; por supuesto para las personas mayores, pero también para el público en general.

Su objetivo consiste en proporcionar la máxima información posible a los ciudadanos sobre materias que, a pesar de que a muchos les puedan sonar muy lejanas, tarde o temprano serán de interés para cualquier a de nosotros... no olvidemos que todos tenemos, o tendremos, un mayor en casa... y, en el mejor de los casos, todos seremos mayores algún día.
La Ciudad del Mayor (LCM), se centra en todo tipo de contenidos de interés para las personas mayores, poniendo particular atención en la divulgación de:
  • Servicios y productos especialmente diseñados para mayores
  • Servicios Sociales en general
  • Asuntos de índole jurídica y legislativa
  • Uso de nuevas tecnologías
  • Salud
  • Ocio, cultura y tiempo libre
  • Asuntos de actualidad sobre mayores...

martes, 28 de septiembre de 2010

Castilla-La Mancha es la comunidad autónoma que dispone de más plazas de residencias de personas mayores en relación con su tamaño de población


Solo el 14% de los octogenarios están atendidos en un geriátrico
Ocho regiones se sitúan por debajo de la media española en cobertura residencial

Publicado por CARMEN MORÁN en El País de 27/09/2010

En 2025 habrá en España casi 2,5 millones de personas entre los 80 y los 90 años, la edad en que suelen ingresar en las residencias geriátricas. No habrá plazas para ellos. No, si siguen aumentando al ritmo mortecino al que lo hacen ahora. La población es una proyección demográfica del INE.

En 2025 habrá en España casi 2,5 millones de personas entre los 80 y los 90 años, la edad en que suelen ingresar en las residencias geriátricas. No habrá plazas para ellos. No, si siguen aumentando al ritmo mortecino al que lo hacen ahora. La población es una proyección demográfica del INE. Lo que dicen las proyecciones sociales es que tampoco habrá entonces amas de casa que puedan encargarse de estos ancianos.

Como 2025 es cifra larga para los políticos, volvamos al presente. Hoy la media española de mayores de 80 años atendidos en residencias está en un 14%. No es mucho, pero peor aún es que muchas regiones, ocho en concreto, están por debajo de esa cifra que no se diferencia mucho de la de anteriores años, a pesar de que 2008 ha sido clave en la implantación de la Ley de Dependencia.

Murcia, Galicia, Canarias y Andalucía son las que menos cobertura tienen, las dos primeras con un 8,1% y las dos segundas con algo más de un 10%. Las que tienen más plazas para acoger a los ancianos en residencias son Castilla-La Mancha (21%) y Castilla y León (20,2%). Más abajo se sitúan Aragón (17,8%), Navarra y Madrid (por encima ambas del 16%).



Estas cifras se extraen de los últimos datos publicados por el Imserso en su Portal de Mayores, recogidos a finales de 2009. Ya debería haber cifras más recientes, pero los datos estadísticos sobre personas mayores, que cada dos años publica el Gobierno, este año aún no se han difundido, a pesar de las promesas del Ministerio de Sanidad y Política Social.

"Con la cobertura que presentan las comunidades, difícilmente se podrá atender a la población en unos años. Pero tan importante como el número de plazas es la planificación sobre dónde ubicarlas y qué tipo de plazas han de ser", dice Gustavo García Herrero, miembro de la Asociación Estatal de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales. "Hay que avanzar en la atención sociosanitaria. Sobre todo en atención de los procesos de rehabilitación en residencias, convalecencia para determinadas enfermedades y largas estancias para según qué patologías. Interesa por el bien del ciudadano, sus familias y de la economía", dice García Herrero, que aboga porque avancen las estancias temporales en residencias.
Todo eso parece todavía pura quimera, cuando faltan aún miles de camas para ancianos en los geriátricos. Pero, por otro lado, los empresarios del sector dicen que en sus centros hay cerca de 50.000 plazas vacías. Este desajuste responde a varias razones: no todas las plazas están construidas en los lugares donde hay demanda. Algunas de ellas son tan caras que el ciudadano no puede pagarlas, ni los precios que da la Administración para concertarlas convencen a los empresarios. Reciben entre 45 y 50 euros por plaza y día, menos de lo que cuesta dormir en un hostal, se quejan. Ellos pagaron mucho por el suelo, y, además, poner en marcha una plaza cuesta alrededor de 50.000 euros. Y, por último, hay muchas residencias que están abocadas al cierre porque sus condiciones no alcanzan los requisitos que se exigirán con la Ley de Dependencia. "Ni los alcanzan ni los alcanzarán nunca, es cuestión del edificio, de las medidas de seguridad, de evacuación", afirma José María Cosculluela, presidente de Vitalia Home, una empresa con geriátricos en varias regiones. "El sector debe enfrentar una gran reconversión en un plazo de unos cinco años", vaticina. Así será, sin duda, cuando las comunidades vayan completando sus decretos sobre los requisitos que han de cumplir estos centros para poder recibir a ancianos con una ayuda pública.

Cosculluela cree que el mercado privado puro será "cada vez más estrecho" porque las plazas concertadas "están bien y son más baratas". La crisis tampoco ha ayudado a revitalizar al sector. Las familias más apuradas han sacado a los abuelos de las residencias. Se garantizaban con ello disponer de la pensión del anciano y posiblemente de una ayuda para el cuidador familiar.

Tampoco la crisis permite a las Administraciones regionales desahogo para aumentar el precio que pagan al empresario por ocupar sus residencias. A menos que se opte por una fórmula que no convence a los expertos de los servicios sociales: la prestación económica para recibir un servicio, una especie de cheque social que se daría al usuario para que se ayude con él a pagar una plaza residencial. "Esa solución rompe la vía del acceso público, porque es el usuario el que tiene que buscarse la vida para conseguir residencia. Además, a los geriátricos les permite seleccionar a su clientela y los más indefensos y con mayores dificultades tendrán más problemas. Todo ello amenaza con crear un sistema dual, centros públicos para gente con menos recursos y privados para los que más tengan", dice el presidente de la Asociación Estatal de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales, José Manuel Ramírez.

lunes, 14 de junio de 2010

Cuidando más allá del domicilio: el papel de la familia en los centros residenciales y el cuidado colaborativo

Nos ha parecido muy interesante el siguiente artículo, publicado en la Revista Psicogeriatría vol.2 nº2 (Abril-Junio 2010), de Márquez González et al., Cuidando más allá del domicilio: el papel de la familia en los centros residenciales y el cuidado colaborativo



Este es el abstract o resumen del artículo, al que se puede acceder gratis, pero con la condición de una sencilla operación de registro:

Introducción. Aunque la mayor parte de la investigación sobre los cuidadores familiares de personas mayores dependientes se ha centrado en aquellos que llevan a cabo su tarea en la comunidad, algunos estudios analizan el papel de la familia en el cuidado en entornos residenciales. Estos estudios sugieren que a la mayoría de las familias les gustaría continuar implicadas de alguna manera en el cuidado de sus familiares.

Objetivos. Analizar las implicaciones de la integración familiar en los centros residenciales, así como las barreras existentes para tal integración en dichos centros, en los profesionales y en los familiares. Se proponen recomendaciones para mejorar la colaboración entre la familia y los profesionales.

Desarrollo. Integrar a la familia en el cuidado de la persona institucionalizada repercute positivamente en todas las figuras implicadas en el cuidado, pero existen todavía muchas barreras que dificultan esta integración. Estas barreras se relacionan con el centro residencial (p. ej., filosofía del cuidado), los profesionales (p. ej., falta de habilidades para afrontar problemas que surgen con la familia) y los familiares (p. ej., ansiedad e incertidumbre),
así como con la relación entre ellos (p. ej., prejuicios o falta de comunicación).

Conclusiones. Es necesario realizar un cambio de enfoque en los centros residenciales, desde modelos clásicos centrados en los cuidados básicos de salud del residente a un modelo de atención biopsicosocial que opte de forma explícita por la integración de la familia en el equipo de cuidados. Se describe el programa ‘Compañeros en el Cuidado’ como una interesante propuesta para superar las barreras identificadas.


En los contenidos del artículo se analizan aspectos tan interesantes como los obstáculos para la integración de la familia en la residencia relacionados con el centro y los profesionales:

• Condiciones de trabajo: sobrecarga de tareas, falta de tiempo para conversar con los familiares, excesiva ‘rutinización’
y ‘mecanización’ del cuidado, condiciones laborales mejorables, etc.

• Filosofía de centro ‘aislacionista’ o con focalización exclusiva en los residentes, que no deja hueco para la implicación real
de la familia en el cuidado porque:
– No se hace explícita como función de los profesionales el dedicar tiempo a escuchar, atender e integrar a los familiares
en el cuidado
– No se comunica a las familias sus posibles funciones y tareas en la residencia, ni se plantean fórmulas concretas para
su implicación real

• Escasa motivación por parte de los profesionales porque:
– Han tenido experiencias negativas con las familias
– No han recibido formación sobre cómo atender e integrar a los familiares
– Tienen baja apertura al cambio y prefieren la ‘rutinización’/automatización de su labor.

• Reglas y protocolos institucionales excesivamente rígidos (p. ej., horarios inflexibles)

• Miedo a la reacción de otros compañeros o de los sindicatos

• Dificultades de comunicación con las familias (p. ej., malos entendidos)

• Desconocimiento de las necesidades y deseos de las familias en relación al cuidado de su familiar y del grado
de responsabilidad que estarían dispuestas a asumir.

• Excesiva rotación (cambios de turno) e inestabilidad de la plantilla de enfermeros y auxiliares de enfermería y escasa
formación en la atención a personas con deterioro cognitivo (p. ej., manejo de comportamientos problemáticos,
habilidades de comunicación).

• Falta de habilidades para afrontar quejas o problemas que les plantean los familiares

• Estereotipos y prejuicios acerca de los familiares: ‘son todos iguales’, ‘se quejan por sistema’, ‘quieren llevar la voz cantante’,
‘nos culpan a nosotros porque se sienten culpables’.

• Barreras ambientales: falta de espacios físicos para la familia (p. ej., ausencia de sillas en las habitaciones, inexistencia de salas
para reuniones familiares).

• Escasa apertura por parte del personal a recibir y aprender de la pericia y experiencia del familiar cuidador.

• El centro está muy aislado y mal comunicado a través de transporte público.


También se desgranan los obstáculos para la integración de la familia en la residencia relacionados con los familiares:

• Rechazo de la familia a implicarse en el cuidado.

• Ansiedad e incertidumbre ante lo que pueden hacer en el centro, qué se espera de ellos, qué papel tienen.

• Problemas de comunicación y/o conflictos con el personal, relacionados con la percepción de falta de atención personalizada y afectivoemocional a su familiar o sobre otras cuestiones (p. ej., pérdida de objetos personales, olor de las habitaciones).

• Percepción de la dirección y administración del centro como lejanas e inaccesibles.

• Percepción de estar poco informados sobre la enfermedad de su familiar, su progresión, el futuro, etc.

• Percepción de ser ignorados o no ser considerados importantes por los profesionales.

• Percepción de total falta de control sobre el cuidado de su familiar.

• Ansiedad ante el deterioro cognitivo, depresión y agitación de su familiar y dificultades de comunicación con él.

• Percepción de falta de flexibilidad en el centro en relación a los horarios y la forma de administrar algunos servicios (p. ej., comida) y protocolos de actuación.

• Estereotipos y prejuicios acerca de los profesionales: ‘son unos ineptos’, ‘no les importa nada mi familiar, tratan a todos igual’, ‘lo cuidan mecánicamente’.

• Problemas de salud física o malestar emocional y dificultades psicológicas de los familiares.

viernes, 14 de mayo de 2010

Los ancianos inician su emancipación

El País, Carmen Morán, 13/05/2010

La transformación económica y social acaba con el tabú de los asilos - Los mayores quieren ante todo autonomía y, en caso de necesidad, se decantan cada vez más por la ayuda profesional


La generación de mujeres más generosa que ha tenido este país toca a su fin. Las que criaron a sus hijos y cuidaron de sus padres ancianos no va a repetirse. Se acabó. Pero todavía están ahí, pensionistas ya muchas de ellas, haciéndole al Estado un último favor: sus mayores morirán en casa, bien cuidados, a cambio de una magra paga con la que la Ley de Dependencia remunera años de dedicación y falta de vacaciones.

Porque si todas ellas, cuidadoras eternas, pidieran una plaza en un geriátrico para los octogenarios y nonagenarios a los que atienden, a ver de dónde iba a sacar la Administración tantas plazas de residencia como harían falta.

Y ahí no acaba su generosidad. Tienen un último gesto: que sus hijas no repitan los pasos que ellas dieron, que la generación que las sucede no tenga que cuidarlas a ellas a tiempo completo. Eso que todas resumen en la misma frase: "yo no quiero ser una carga para mis hijos". Y saben bien de qué están hablando, tanto que hasta los ayudan con los nietos para que no tengan que abandonar el mercado laboral.

La última encuesta del Ministerio de Sanidad y Política Social a los mayores de 65 años destapa un cambio social que se veía venir: la preferencia por los cuidados familiares cuando necesiten ayuda ha caído entre las mujeres 11 puntos porcentuales desde 1993, de un 75% a un 64%. Y más espectacular es todavía el salto, en la misma dirección, que dan los hombres: en 1993, un 84% de ellos quería que a la vejez los atendieran sus familiares más allegados, la mujer o los hijos. Ahora sólo lo dice un 63%. Ellos se resistían, pero la realidad se ha impuesto. Y son muchas las razones que contribuyen a ese cambio.

Han cambiado las familias, pero no sólo por la incorporación al mercado laboral de los hijos y las hijas. También los propios jubilados de hoy tienen ya un perfil distinto del que tuvieron sus padres. "Disponen de una pensión propia y eso les da cierta independencia económica", dice la profesora de Sociología de la Universidad Complutense Margarita Barañano. A ello hay que añadir que muchos de los que ahora están llegando a la edad de la jubilación no han vivido con sus hijos en la misma casa durante años, porque ellos salieron a estudiar, a trabajar. El modelo de familias agrupadas tal y como se le conocía se fue perdiendo. Volver a vivir con hijos, yernos y nueras bajo el mismo techo se hace más cuesta arriba. Cada uno tiene su independencia.

"Además, depender de los hijos no es convivir con ellos. Porque los hijos pueden ayudarles con dinero a pagar a alguien que les atienda en casa, por ejemplo, pero eso no significa que vivan juntos", afirma Barañano.

La vivienda en propiedad, muy común en España, es una ventaja de la que parten los jubilados. No tienen que pagar alquiler, por tanto, su pensión puede servirles para contratar a quien les cuide. Incluso para formalizar una de las llamadas hipotecas inversas y optar por una residencia. A pesar de ello, "el criterio primero a la hora de comprar una vivienda sigue siendo la cercanía a los familiares, eso permite que los abuelos ayuden con los nietos, pero también hacerse cargo de los padres, al menos cierta supervisión", dice Barañano.

Hubo un tiempo en que los ancianos huían de las residencias geriátricas como de la peste. La encuesta del Ministerio de Sanidad y Política Social muestra cómo ese rechazo es aún más marcado entre los más mayores, pasados los ochenta. Y tenían razón: muchos de los geriátricos que ellos conocieron eran entonces deprimentes instituciones donde morían los que no tenían a nadie que los cuidara. Asilos, caridad, abandono. Esos prejuicios se están deshaciendo. Las residencias ya no tienen ese aspecto sobrecogedor, y eso que muchas de ellas no cumplen aún los requisitos que marca la nueva Ley de Dependencia para poder subvencionar su ocupación de forma pública.

En contra de las ideas preestablecidas también ha jugado una gran partida la llegada de inmigrantes, que ha generalizado una imagen por las calles de pueblos y ciudades: el anciano acompañado en su paseo diario por alguien que llegó de Ecuador, Perú, Rumania. No son los hijos y no pasa nada. "En estos casos, las hijas, sobre todo, supervisan, o pueden cuidarlos a tiempo parcial, turnándose con el trabajador extranjero", dice la profesora Barañano. "Y además se han ido generalizando las ayudas públicas de los ayuntamientos. Todo ello les permite seguir en casa, algo que siempre prefieren".

Es cierto. Que los mayores prescindan de los cuidados de sus hijos no significa que quieran salir de su casa. El 87,3% de ellos prefieren vivir en la vivienda propia, aunque sea solos. "Ellos prefieren estar en su entorno hasta que se pueda. Allí están sus libros, sus recuerdos, incluso el vecindario, que siempre echa una mano. Ahora bien, quieren que les atiendan profesionales", asegura Luis Martín Pindado, presidente del Consejo Estatal de Personas Mayores.

"Los datos están, efectivamente, marcando una tendencia hacia el incremento de los servicios en detrimento de las ayudas familiares. La gente ha de conocer el valor y la calidad de los servicios que prestan los profesionales, los cuidadores de los centros de día, las residencias", afirma la directora del Instituto de Mayores y Servicios Sociales (Imserso), Purificación Causapié.

Antes de abandonar este capítulo de los prejuicios contra las ayudas profesionales, las residencias, hay que echar un vistazo al mundo rural, donde los cambios, como sucede siempre, van más lentos. Causapié señala que la preferencia por los servicios "está relacionada con el nivel cultural", pero cree que lo que ocurre en los pueblos, donde aún el 83% de los consultados se decanta por los cuidados de la familia, se debe a otras razones: "El mundo rural conserva lazos familiares más cercanos y fuertes y los entornos familiares son más amplios, incluida la relación que se tiene con los vecinos". ¿Quién no se acuerda de Volver, de Pedro Almodóvar, entre otras muchas?

Pero aún pesa mucho el qué dirán, incluso para admitir que un profesional va a entrar en casa durante unas horas para hacer limpieza, comida, o colaborar con la higiene del anciano. Aunque eso también se ha ido modificando.

¿Son de verdad razones económicas y culturales las que están operando entre los nuevos jubilados para cambiar sus preferencias por los cuidados o es más bien la asunción de una realidad social contra la que nada pueden hacer?

Gerardo Hernández, profesor de Sociología de la Familia y Gerontología Social en la Universidad de A Coruña, se decanta en parte por el "obligado te veas..."

"La esperanza de vida se ha alargado mucho y eso significa más años de dependencia y nuevas enfermedades a las que no siempre se puede hacer frente en familia. Además, antes había más hijos para repartirse esos cuidados. No es lo mismo cinco hijos para cuidar a dos mayores, que dos hijos para cuidar a cuatro ancianos. Si se trata de un alzhéimer, por ejemplo, se necesita una ayuda más profesionalizada. Por otro lado, los hijos ya tienen trabajos extradomésticos y no siempre en la misma ciudad o pueblo donde están los padres. Por mucho amor que se ponga siempre habría carencias. Por eso estamos reclamando residencias, centros de día, pisos tutelados. La realidad es la que obliga", concluye.

Y la generosidad, porque Delia Otero Díez, a sus 63 años, todavía cuida en casa a dos de sus cuatro hijos. Ya tienen 35 y 37 años, solteros. "Mamá los cuida, les hace la comida, lava, les plancha, ellos están bien aquí", dice entre risas. Otros dos ya se casaron. Bien podría pedirles que cuando ella no pueda valerse le devuelvan sólo la mitad de los años que les dedicó, pero no quiere. "Ellos, gracias a Dios, tienen trabajo y a mí no me gustaría dejarles esa carga. Yo prefiero irme a una residencia, así lo comentamos mi marido y yo con los amigos, que nos iremos todos a la misma y allí lo pasaremos bien", ríe. Luego reconoce que tampoco piensa mucho en ello todavía. No tiene tiempo. Tiene a su madre en casa, con 93 años, a la que "hay que hacerle todo". "Yo creo que si la hubiéramos llevado a una residencia ahora no la tendríamos aquí, porque es muy familiar. Y además, ella siente mucha pena por la gente que está en las residencias".

Delia, que vive en Mejorada del Campo (Madrid), cuidó de su suegra, inválida durante cinco años, por meses, "turnándose con las cuñadas". También llevaba a su suegro a diálisis. Y ya lleva 11 años al cargo de su madre. Recibe una paga de 387 euros al mes por la Ley de Dependencia.

Su mente no repara todavía en una Delia de 90 años, que quizá no pueda caminar, o a la que le lleven la comida a la boca, cucharada a cucharada, como hace ella con su madre. Eso todavía queda lejos. "Pero si aún estamos pensando en los hijos", se ríe. Y en los nietos. "A veces me los dejan, no mucho, eh, no abusan, no, pero cuando los tengo es la felicidad".

¿Y cómo anda ella de salud? "Bueno, mis huesos se resienten, un poquillo, pero bien".

Ella no quiere ser una carga para sus hijos, pero lo cierto es que, quizá, sus hijos no puedan con esa carga, porque la realidad se impone. Las amas de casa a tiempo completo son una figura a extinguir.

La crisis económica, quizá, está dando una tregua a los políticos, que no parecen entender el alud que se les viene encima. No hay mapas para construir residencias allá donde se necesitan y las guarderías y los geriátricos siguen siendo la gran asignatura pendiente. ¿Confían en que las mujeres podrán estirar aún más el Estado de bienestar que ellos no proporcionan?

No podrán. Pero la crisis está ralentizando las demandas. La mayoría de las ayudas que se conceden por Ley de Dependencia son prestaciones económicas para las cuidadoras, hasta un 57%, muy alejado del espíritu que preconizaba esta ley. Se pretendía con ella que muchas mujeres salieran al mercado laboral y los cuidados de ancianos quedaran en manos de profesionales, a domicilio o en residencias geriátricas. No está siendo así. Ana Lima, la presidenta del Consejo General de Trabajadores Sociales, cuenta un caso que sirve de ejemplo. "Hay una señora que pedía un servicio profesionalizado, pero una de sus cinco hijas se ha quedado en paro y han preferido que sea ella misma la que la cuide y tenga la prestación económica que da la ley", dice.

"La crisis está inclinando a la gente a pedir la prestación económica, por el paro, pero también porque te la dan con atrasos, desde que se cursó la solicitud, o desde que el usuario fue reconocido como dependiente, y eso supone un buen pellizco para una economía precaria", sostiene Lima. El gobierno anunció ayer que los pagos retroactivos se acabarán pronto.

Pero la crisis pasará y la demanda de residencias para los más ancianos y otros servicios intermedios para edades anteriores seguirán su curso. El número de plazas de residencia cubría en 2002 un 3,3% de la población mayor de 65 años. En 2009 aumentaron un poco, hasta un 4,31%. España es un país afortunadamente longevo y, como en otros países más avanzados en cobertura social, la gente demandará cada vez más servicios. No dependerá sólo de los hijos. La única diferencia, dicen los que trabajan en asuntos sociales, es que a unos les llevarán a la residencia los hijos y los otros irán en taxi. Pero las mujeres ya no estarán para prestar esos cuidados, ni siquiera estarán tan preparadas para ello como lo estuvieron sus madres, que a su vez lo aprendieron de las suyas.

"Las abuelas cuidan a sus nietos porque a través de sus hijas hacen lo que ellas no pudieron hacer, estudiar y trabajar fuera. Por eso tienen una mayor sensibilidad hacia ese problema. No es que no deban existir los cuidados familiares, pero deben ser sólo una pieza más del puzle", dice la catedrática de Sociología de la Universidad Carlos III Constanza Tobío. Y prosigue: "Estas mujeres están ayudando a la sociedad a modernizarse cuidando nietos y aceptando, sin dramatismo, que a ellas no las cuidarán sus hijas. Esta es la generación que más ha dado y que menos está recibiendo. Es una generación de mujeres excepcionalmente generosa".