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viernes, 30 de marzo de 2012

Con una pensión comen todos

Publicado por El País de 24/03/2012

Volver a la casa de los padres no es solo un paso atrás en el proyecto vital de cualquier persona. Supone también un foco de conflictos que puede incendiar la convivencia familiar y convertirse en el germen de un sinfín de problemas. Hace cinco años, al comienzo de esta crisis que parece no tener fin, solo el 6% de los hogares sustentados por un mayor de 65 años tenían a todos sus miembros en paro. Este porcentaje se disparó en 2011 por encima del 18%. Hoy, más de 300.000 familias españolas en las que no trabaja nadie conviven con un jubilado.
No es solo cuestión de la fría estadística. Los que día a día tienen que lidiar con esta realidad en la calle confirman los datos. “Veo casos en los que una pensión ínfima que antes se destinaba solo a las necesidades del mayor tiene que alimentar ahora a una familia numerosa. El problema, además, no es solo económico. A la situación de los ancianos se unen los conflictos de los hijos. Peleas, inadaptación de los más pequeños, malos tratos... Es una cadena que se viene abajo cuando cae la estructura más sólida, que era el núcleo familiar”, explica Teresa Vinós. Esta trabajadora social de Zaragoza reconoce que por primera vez en sus 25 años de carrera se encuentra situaciones que no sabe cómo afrontar. “Esta es ya la tercera crisis que vivo. Pero nunca me había enfrentado a casos tan extremos”, añade.


Emilia Escudero es una de las mujeres con las que Vinós trata a diario. Tras quedar viuda y con muchos esfuerzos, sacó adelante ella sola a sus 13 hijos. Cuando ya había logrado una relativa tranquilidad y tiempo para descansar, hasta cuatro hijos volvieron con cuentagotas por culpa de la burbuja inmobiliaria. Todos los varones trabajaban como albañiles, y ahora tiene que dar de comer a tres con su pensión de 600 euros. ¿Cómo lo hace? “Pues comprando lo más barato y si sobra pan un día, lo pongo al día siguiente”, responde con lógica aplastante.
Miguel Laparra, profesor de Política Social en la Universidad de Navarra, se declara sorprendido por las diferencias que él y su equipo han constatado sobre el impacto de la crisis en los hogares con ancianos y sin ellos. “La tendencia a vivir con el abuelo es mayor donde la situación es más precaria. La estrategia de supervivencia consiste en aferrarse a ellos”, dice. Así, las pensiones suponen no solo una forma de garantizar unos mínimos estándares de vida a los más ancianos, sino que se convierten en una especie de cemento con el que asegurar la cohesión social.

“La familia tradicional está siendo capaz de soportar los demoledores efectos de la crisis sobre cientos de miles, millones de españoles. Pero a costa del extraordinario sufrimiento de una generación que alimentó sus sueños de progreso poniendo sus esperanzas más en sus hijos que en ellos mismos. A las penurias económicas hay que añadir el sufrimiento que representa la frustración de ver regresar a sus hijos derrotados y con un futuro más que incierto y menos prometedor que el que ellos mismos tuvieron”, asegura Gustavo García, director del albergue de transeúntes de Zaragoza y miembro de la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales. “Ahora estoy más nerviosa que cuando estaba sola. Tengo que volver a la carga. A hacer la compra, lavar, planchar...”, se lamenta Escudero.

Pero el sufrimiento no viene solo de parte de los padres, que ven cómo sus hijos pierden lo que tanto les había costado. Los que vuelven a casa —o que aunque no vuelvan dependen del dinero que les pasan sus progenitores— viven como una humillación dormir de nuevo, cuando ya han pasado los 30, en la habitación que ocuparon de adolescentes. En muchas ocasiones, además, llevan sus propios hijos al hogar paterno. “Es un pequeño trauma. La convivencia es buena, pero al haber tan poco dinero, cuando llega la factura de la luz o el agua, se nota la tensión en casa. Y a veces surge alguna discusión”, asegura José Miguel, el hijo de 28 años de Emilia, que volvió con su madre hace un año y medio. Las fases por las que pasan los que sufren esta situación se parecen a las de los enfermos de ciertas enfermedades. Primero viene la negación. Luego la vergüenza. La ostentación se había convertido en un síntoma de bienestar y si eso se viene abajo, es un fracaso para ambos, padres e hijos.

Alfonso Novales, catedrático de Análisis Económico de la Universidad Complutense, detecta una tendencia muy peligrosa: “En España no hay pobreza absoluta. Pero está aumentando mucho la relativa y la desigualdad social. Y eso es muy grave, porque tiene efectos negativos en indicadores relacionados con la educación y la sanidad”. El reparto entre toda la familia de una exigua pensión logra evitar situaciones de exclusión, pero hace que la pobreza relativa se extienda como una mancha de aceite, afectando a todos los miembros del hogar.

Vinós señala, además, un efecto indeseado del retorno de los hijos al hogar. “Me he encontrado situaciones en las que, encima de tener que volver a mantener al hijo, al jubilado se le retira alguna ayuda que tenía por convivir con alguien que no sea dependiente. Y es muy habitual los que tienen que pagar la hipoteca del hijo, porque le avalaron y si no, se quedan todos sin casa”, explica esta trabajadora social, que pone un ejemplo muy gráfico de cómo han aumentado las situaciones precarias con la crisis: “En mi centro antes llevábamos unas 50 rentas básicas de inserción, ahora más de 200”.

Esa es la cuestión. Cuánto se podrá estirar la solidaridad familiar sin que se funda algún plomo. “Me pregunto cuánto tiempo van a poder nuestros mayores suplir las carencias en protección social del Estado. Porque el día que ellos fallen, y resulta difícil imaginar que puedan seguir soportando mucho más esta situación, estaremos al borde del precipicio, pero ya sin red”, concluye Gustavo García.

Cuanto peor, mejor para el jubilado

La crisis tiene un curioso efecto estadístico sobre la posición que los jubilados ocupan en el escalafón social. Cuando las cosas van bien, ellos lo pasan algo peor. Y cuando el desempleo arrecia y la sociedad en su conjunto se empobrece, los ancianos aguantan mejor el chaparrón. “No tanto porque hayan mejorado sus pensiones, sino porque su posición relativa mejora ante el desgaste del resto de indicadores”, señala el catedrático Miguel Laparra.
Este efecto se hace muy evidente al comparar las tasas de riesgo de pobreza de los mayores de 65 años y del conjunto de la población. Si en plena expansión económica más del 30% de los ancianos sufrían riesgo de pobreza —término que equivale a tener unos ingresos que no lleguen al 60% de la mediana de la renta nacional disponible—, este porcentaje cayó el año pasado por debajo del 22%. 2011 fue, además, la primera ocasión en los últimos años en los que los mayores de 65 años tenían un riesgo de pobreza menor que la población tomada en su conjunto. Este desfase habla por sí solo del daño que cinco años de crisis ha hecho en el bienestar de los españoles.

José Manuel Ramírez, presidente de la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales, se fija también en los perjuicios que está sufriendo el sector de las residencias sociales. “Muchas familias sacan a los mayores de las residencias y asumen ellos el cuidado. Por primera vez está cayendo el número de plazas en los centros, que es un sector que crea mucho empleo, sobre todo entre las mujeres. Por cada dos personas en la residencia, tenemos un trabajador. Corremos el riesgo de generar una especie de economía sumergida con el cuidado de los mayores”, asegura.

miércoles, 26 de enero de 2011

Uno de cada cinco jubilados está en riesgo de pobreza relativa

Informa EAPN de Castilla-La Mancha, 25/01/2011


España es uno de los países europeos con mayor porcentaje de pensionistas en riesgo de pobreza relativa, un 19,3%, sólo por detrás de siete de los otros 26 Estados que componen la UE -Letonia, Chipre, Estonia, Bulgaria, Lituania, Reino Unido y Finlandia-, según un informe de los Técnicos del Ministerio de Hacienda (GESTHA) hecho público con motivo de la reforma del sistema de pensiones.


Sin embargo, se da la circunstancia de que los jubilados del Reino Unido y Finlandia cobran mayores pensiones que los españoles. Así, la pensión contributiva media española representa el 63% de la pensión media de la UE-15, frente al 92 y 93% de los jubilados británicos y finlandeses, respectivamente.Además, los Técnicos recuerdan que las pensiones en nuestro país son "reducidas", hasta el punto de que un 77% de los pensionistas españoles no llega siquiera a ser 'mileurista', a lo que hay que añadir una pérdida de poder adquisitivo superior a la de la mayoría de países europeos más desarrollados.


En este sentido, Gestha señala que la relación de ingresos de los jubilados españoles respecto a los de aquellos menores de 65 años se encuentra por debajo de la media europea. Concretamente, la pensión de un jubilado español representa el 49% de los ingresos medios que cobran los españoles de entre 50 y 59 años.

Menor gasto en pensiones que la media europea

Por otro lado, los Técnicos de Hacienda recuerdan que el gasto en pensiones de España en proporción a su Producto Interior Bruto (PIB) es de los menores de la UE-15. Concretamente, este gasto se situó en el 8,9% durante el ejercicio 2010, frente al 10,2% de media en la UE-27.

Además, y según las estimaciones publicadas por la Comisión Europea la pasada semana, el gasto español en pensiones continuará en niveles inferiores a los de la Europa de los 27 durante al menos dos décadas más.
Mejoras en materia de pensiones

Ante esta situación, los Técnicos de Hacienda valoran positivamente el esfuerzo que los diversos gobiernos españoles vienen realizando en estos últimos años para aumentar la pensión media de jubilación, así como para mejorar al resto de pensiones contributivas.

A lo largo de los diez últimos años, la pensión contributiva media se elevó en casi un 60%, hasta alcanzar los 785,83 euros mensuales, con un repunte especialmente pronunciado en el caso de las prestaciones a favor de familiares (+76%), viudedad (+65%) y jubilación (+58%).Sin embargo, el colectivo considera que la negociación y aprobación de la próxima reforma de las pensiones debe realizarse "sin prisas" y respetando la concertación social y el pacto de Estado que existe acualmente en torno a esta materia. "La necesidad de quitar incertidumbre a los inversores de los mercados financieros y reducir el diferencial de la prima de riesgo de la deuda pública no justifica lo contrario", subrayan desde Gestha.

Alternativas para garantizar la viabilidad de las pensiones.

Los Técnicos de Hacienda proponen diversas alternativas para mantener la viabilidad y sostenibilidad del sistema público de pensiones, entre las que destacan la creación de un sistema mixto de financiación, la mejora de la eficiencia en la recaudación tributaria a través de la lucha contra las grandes bolsas de fraude o el desarrollo de incentivos para alargar voluntariamente la edad de jubilación.

En primer lugar, Gestha recomienda introducir una parte de la recaudación de impuestos en el sistema de pensiones, además de las cotizaciones sociales. A su juicio, esta medida permitiría financiar con impuestos casi 5.400 millones de costes administrativos de gestión anual de la Seguridad Social.

En segundo lugar, los Técnicos abogan por mejorar la eficiencia del gasto público y la reducción de la economía sumergida, especialmente en la lucha contra el fraude laboral, con el fin de atajar el endeudamiento de las Administraciones Públicas y aliviar las tensiones en el coste de la deuda pública.

Para Gestha, el Ministerio de Economía y Hacienda "debería convertir la lucha contra la economía sumergida en una prioridad, en lugar de exigir sacrificios a los trabajadores y pensionistas", puesto que "el verdadero lastre de las cuentas públicas es la evasión fiscal de más de 88.000 millones de euros cada año ".

Convergencia de la edad legal y real de jubilación

Entre los años 1991 y 2008, la tasa de supervivencia de los españoles mayores de 65 años se incrementó en 2,4 años, situación que, a juicio de los Técnicos, "no justifica por sí misma la necesidad de aumentar la edad real de jubilación hasta los 67 años".En su lugar, el colectivo aboga por acomodar en esos dos años la edad real de 63,27 años a la edad legal de jubilación.

Para lograrlo, Gestha propone articular incentivos para el alargamiento voluntario la edad de jubilación, limitar las reducciones de plantilla en las empresas con beneficios y disminuir los coeficientes reductores para la jubilación anticipada.

lunes, 5 de abril de 2010

La nómina de pensiones contributivas supera los 6.690 millones de euros


La pensión media de jubilación se sitúa en 878,64 euros, lo que representa un incremento del 3,5 % interanual

La nómina mensual de pensiones contributivas de la Seguridad Social superó el pasado 1 de marzo los 6.690 millones de euros (6.690.387), un 5,1% más que en el mismo mes de 2009, según la estadística hecha pública hoy por el Ministerio de Trabajo e Inmigración.

La pensión media de jubilación del Sistema de la Seguridad Social alcanzó este mes la cuantía de 878,64 euros al mes, lo que supone un 3,5% de incremento con respecto al mismo mes del pasado año. En cuanto a la pensión media del Sistema, que comprende las distintas clases de pensión (jubilación, incapacidad permanente, viudedad, orfandad y a favor de familiares), se situó en 775,30 euros al mes, lo que supone un aumento interanual del 3,4 %.

En marzo, el número de pensiones contributivas de la Seguridad Social alcanzó la cifra de 8.629.461 pensiones, lo que representa un crecimiento interanual del 1,7%. Más de la mitad de las pensiones son por jubilación, 5.109.674; 2.283.869 son por viudedad; 930.535 por incapacidad permanente; 267.755 por orfandad y 37.628 a favor de familiares.

Información proporcionada por el Gabinete de Comunicación del Ministerio de Trabajo e Inmigración, el 25 de marzo de 2010.