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viernes, 2 de marzo de 2018

Hoy, en nuestra película de los viernes, os recomendamos: EL PATIO DE MI CÁRCEL

LA PELÍCULA DE LOS VIERNES

EL PATIO DE MI CÁRCEL

Año: 
2008
Duración: 92 Minutos
Dirección: Belén Macías
Guión: Belén Macías, Arantxa Cuesta, Elena Cánovas
Fotografía: Joaquín Manchado
Música:  Juan Pablo Compaired
Reparto: Verónica Echegui, Candela Peña, Blanca Portillo, Ana Wagener, Violeta Pérez, Natalia Mateo, María de la Pau Pigem, Tatiana Astengo, Ledicia Sola, Patricia Reyes Spindola, Raúl Arévalo, Luis Callejo, Ángel Baena, Rubén Ochandiano, Raquel Pérez, Susi Sánchez, Adriana Ugarte. 
Género:  Drama. Drama Carcelario.
Sinopsis: Isa, una atracadora, adusta y generosa, es incapaz de adaptarse a la vida fuera de la cárcel y lejos de su grupo de amigas. Dolores es una gitana rubia que ha matado al marido. Rosa, una frágil y tierna prostituta. Ajo, una chica enamorada de Pilar que vivirá su amor hasta el límite de lo soportable. Luisa es una cándida colombiana sorprendida por un ambiente que no comprende. La llegada de Mar, una funcionaria de prisiones que no se adapta a las normas de la cárcel, supondrá para todas esas mujeres el comienzo de una etapa de mayor libertad. Con la ayuda de Adela, la directora de la prisión, crearán "Módulo 4", el grupo de teatro que las llenará de fuerza para encarar el mal bajío con el que llegaron al mundo.
Premios: 
2008: Premios Goya: 4 nominaciones.
Algunas críticas:
-Oti Rodríguez Marchante (Diario ABC):  Una mirada que no es origina, pero sí entusiasta. Tiene a una actriz aún más entusiasta y entregada, Verónica Echegui, que asume con su habitual destreza y desparpajo los mandos.

-Jose Luis Mora (Dreamers): El guión de esta película es soberbio y funciona como el mecanismo de un reloj perfectamente engranado. Todo el es un derroche de virtudes, pero si en algo destaca es en su construcción de personajes, que destilan humanidad por todos sus poros, y en unos diálogos tan logrados que rezuman naturalidad y cercanía con el espectador. En cuanto a la interpretación de sus protagonistas, decir que pocas veces en una cinta se había juntado gente con tantísimo talento. Y, tanto en las protagonistas absolutas como Candela Peña o Verónica Echegui como en el nutrido elenco de actrices secundarias como Natalia Mateo o Ana Wagener, lo que el espectador va a encontrar es a un puñado de buenas actrices capaces de transmitirle todo lo que sienten los personajes que interpretan. En este sentido, hay que reconocerle el mérito a Belén Macías, una directora que además de saber sacar lo mejor de sí mismas a cada actriz, es una experta a la hora de elegir los planos para mostrar, muchas veces sin palabras, lo que piensan los personajes de su película. 
En conjunto, tanto buen hacer tiene su recompensa en una película redonda que contiene algunas escenas que emocionan tanto que, a no ser que el espectador tenga la sangre de horchata, es inevitable soltar una lágrima o sentir alegría por lo que les ocurre a unos personajes de ficción muy reales. Ojalá se hicieran más películas como esta.
TRABAJO SOCIAL A TRAVÉS DEL CINE: 
Mujer y exclusión social.
El patio de mi cárcel es una historia de mujeres, mujeres presas y excluidas. Esta película nos lleva a una realidad de la que pocas veces se habla. La vida a veces puede llevarnos a tomar decisiones equivocadas, pero no por ello debemos olvidar que somos personas y tenemos derechos. 
La realidad de las mujeres presas es muy complicada. La película nos habla de la dificultad de no reincidir, de las adicciones, de la vida dentro de la cárcel. En este contexto es muy importante la figura del trabajo social, ya que en los contextos penitenciarios no debemos dejar que las penas se conviertan en meros castigos, y desde nuestra disciplina debemos apostar por la reinserción, trabajando todo lo que podamos con los/as presos/as en ella. 
Es cierto que a lo largo de la película echamos de menos la figura del Trabajo social. Podríamos relacionar el trabajo social con la funcionaria Mar, una persona que se involucra y se preocupa por estas mujeres, que trata de mejorar su situación y apoyarlas a través del teatro.
Una excelente muestra de la exclusión social desde una perspectiva de género.


Consulta el Trailer aquí: 

domingo, 4 de mayo de 2014

SER MADRE EN UNA SOCIEDAD SIN ALMA

DECONSTRUYENDO LA MATERNIDAD. RECUPERAR LA "EXPERIENCIA MATERNAL"
Poner a la madre en primer lugar devolviéndole la autoridad arrebatada, construyendo así un nuevo imaginario donde los cuidados y las relaciones sociales estén en el centro. Se genera un cambio de paradigma donde se revaloriza la importancia de una economía de cuidados que haga posible la sostenibilidad de la vida.

Vicky López, Diagonal Periódico. 3.05.2014


"Siempre que hablamos de la salud de las mujeres acabamos hablando de maternidad. Utilizamos el término maternidad para hablar del acto de criar aislándolo de toda realidad social, asumiendo la maternidad como un hecho aislado entre la mujer y su hij@. La maternidad, sin embargo,  ocupa un lugar central en la vida de las mujeres determinando sus pautas de socialización y hasta de construcción de su identidad. Como profesionales de la salud, aceptamos como parte de nuestro trabajo diario acompañar, aconsejar e incluso medicalizar a las mujeres en esta etapa. Pero, ¿realmente sabemos que significa la maternidad en nuestros días? 
Maternidad, garantía del orden o motor de la revolución.
Desde los orígenes del movimiento feminista, la relación entre la maternidad y la política se ha situado en el centro de las luchas. A lo largo de  la historia se ha utilizado la asunción del rol maternal de las mujeres como algo natural para mantener el orden dentro de una sociedad jerárquica y patriarcal, enalteciendo la figura de la mujer que cuidaba y se ocupaba de su familia y elevando el valor de la maternidad para el mantenimiento del status quo.
Desde el nacimiento de la biopolítica, se ha ejercido control sobre nuestros cuerpos y órganos reproductores, obligándonos a convertir nuestro cuerpo en un campo de batalla alrededor de este concepto de maternidad. Como bien dice Federicci nuestra sociedad ha ocultado la producción de fuerza de trabajo reproductivo bajo la cobertura de un destino biológico.
Así pues, ya en los años 20 el feminismo trata de deconstruir este concepto de maternidad, negando la existencia de esta como un hecho irracional e instintivo y significándolo como constructo social. Feministas como Simone de Beauvoir o Elisabeth Badinter, han manifestado su oposición radical a la maternidad argumentando que la pérdida de autonomía que suponía el cuidar era intolerable para la mujer. Con todo esto se ponía de manifiesto el uso del constructo social de la maternidad para el control y domesticación de la mujer, convirtiéndose ésta en estereotipo unificador de las mujeres.
Revalorización de los cuidados
Sin embargo, movimientos feministas comenzaron a cuestionar esto, sacando a la luz la función social de la maternidad e introduciendo este debate en la esfera pública. Se comienza a hacer de la maternidad una opción política también desde la que visibilizar el trabajo doméstico y de reproducción y reivindicar la importancia de los cuidados.
Así pues, Adrienne Rich habla de huir de la “institución maternal” para recuperar la “experiencia maternal”. La importancia de esta postura es el uso político de lo censurado y lo silenciado: la relación del cuerpo con la madre. Supone una reestructuración del orden social para que mujeres y madres sean capaces de hablar y de ser escuchadas. Pone a la madre en primer lugar devolviéndole la autoridad arrebatada, construyendo así un nuevo imaginario donde los cuidados y las relaciones sociales estén en el centro. Se genera un cambio de paradigma donde se revaloriza la importancia de una economía de cuidados que haga posible la sostenibilidad de la vida.
El significado de la maternidad en nuestros días
Las mujeres de hoy se ven en la encrucijada entre una maternidad deseada y una maternidad utilizada, medicalizada y controlada por “expertos”. La mujer pierde así el control de su salud, primando el bienestar del futuro bebe y la perpetuación de la fuerza del trabajo. El capitalismo adopta el cuerpo de las mujeres y la procreación como un aspecto fundamental para la reproducción de la fuerza de trabajo. Con el desarrollo capitalista, los cuerpos de las mujeres son convertidos en máquinas para la producción de trabajadores, lo cual hoy día se sigue viendo reflejado en leyes como la del aborto o las ventajas fiscales de constituir una familia según conceptos heteronormativos.
Dice Yvonne Knibiehler, que  una vez conquistado el derecho a no ser madres (aunque últimamente esta conquista no está tan clara) nos queda conquistar el derecho a serlo sin perdernos en el camino. De esta manera, las mujeres vemos hoy día como la economía de mercado organiza la reproducción social creando madres económicamente invisibles, lo que se traduce en madres políticamente invisibles. Vemos mujeres desarrollando su maternidad en una sociedad individualista, donde todo es efímero, donde los lazos están rotos… Mujeres que generan o externalizan cuidados en la sociedad del desapego, que reinventan el concepto de familia y de comunidad con la esperanza de encontrar ese apoyo social en la “modernidad líquida” …

Desde la medicina, hablamos de salud maternal cuando en realidad estamos hablando de embarazo y puerperio sin complicaciones biomédicas. Vendemos discursos individualistas basados en vínculos sagrados o espiritualidades a las que dotamos con bases biológicas ¿Por qué no establecer nuevos ejes de análisis en nuestro imaginario? Ha llegado la hora de plantearse si es posible una maternidad saludable en una sociedad enferma, si es posible una crianza feliz en una crisis de cuidados. Quizás es el momento de colectivizar cuidados y construir políticas públicas para que la maternidad se pueda pensar en positivo, constituir una maternidad  como derecho y no como privilegio ni deber. Es el momento de que la Salud Pública devuelva a la agenda política todas estas cuestiones, más allá discursos conservadores o religiosos que vuelven a dejar fuera a las mujeres, y construyamos una sociedad en la que las madres puedan ejercer como ciudadanas de pleno derecho".
¡Gracias Vicky!